Franco Caballero Vásquez
¿Quién soy y qué hago aquí de nuevo? ¿Por qué me
regalaron esta porquería de chaqueta? Mientras subo la escalera mecánica miro
hacia atrás y veo esta misma chaqueta repetida en ocho cuerpos distintos, y se
ven tan mal. Veo repetir esos botines de mujer otras diez veces más, y así con
las carteras, y las bufandas, y la forma de usar las bufandas, y así con los
colores, y la forma de caminar, y la forma de hablar y ¿por qué cresta todos
tienen ese tono hueón de saludarte? suena tan falso; aunque si no lo usas el
otro se siente ofendido o siente que ha recibido un trato poco amable. ¿De qué
está compuesto el modo vulgar de querer entrar en un círculo común?, y más
encima temer de no pertenecer a él.
Tantas casas iguales en los barrios “altos”, familias
aspiracionales les digo yo, o aspiraracionalidades. Más penosos son esos que
ya pasaron los cuarenta y siguen hablando banalidades. Los aborrezco, tienen hijos y esposas. Y se ríen de mí porque no veo noticias,
porque me encuentran romántico. Qué
penosa la vida desechable. Otro auto que pasa rápido por mi lado. Qué cuma es
manejar rápido. Otro gimnasio con treinta personas en bicicleta y trotadoras,
varios con audífonos, las mismas zapatillas y el típico buzo ajustado. Me
acuerdo de mi amigo que salía a correr cerca de su casa en Santiago y la gente
se asustaba cuando lo veían porque pensaban que los iba a asaltar porque sus
zapatillas no eran Nike, ni su polerón tenía colores fluor.
Y vamos
paseando otra vez con esos station tan grandes a toda velocidad. Es cierto, no
debería caminar por el medio de la avenida, pero no me importa, los encaro, les
grito, los miro fijo con una mirada quemante y juzgadora. ¿Qué problema tiene
que quiera mirar el cielo desde el medio de la calle?
¿De dónde sacan tanta plata? ¿Es que acaso todos acá
tienen altos puestos de trabajo? Miro por fuera estos tristes bares donde la
música suena tan fuerte y cada grupo interactúa entre ellos, nadie escapa de su
personalidad, nadie se revela ante sí mismo, siguen tan compuestos; se
contienen aún gobernados por la soltura del alcohol, quizás eso genera
violencia. ¿Hasta cuando la sociedad va a cuidar de su estabilidad ilusoria? ¿Hasta
cuándo van a soportar este peso enorme que tiene el mercado? ¿Esa homogeneidad?
¿Por qué me hablai así hueón? Yo no soy como los demás, háblame claro, sé
honesto conmigo, revela tu emoción y exprésamela.
Otro auto más
que pasa rápido cerca mío y lo empapelo a chuchás. ¿Qué se creen? Rápidos van a
sus casas a prender la tele, comprar comida, estudiar con los niños, sacar un
par de cuentas, dos pastillas y a la cama.
Cruzo a la vereda, no soy un loco, me lo confirmo,
pero al mismo tiempo que lo hago escucho gritos de alevosía dentro mío. Miro hacia
atrás y en plena esquina de esta gran avenida en la que hay mucha confluencia,
donde está el jumbo, el Bice, el Sodimac y un carrito de completos, un borracho
está al medio de la calle dirigiendo el tránsito. Comienza a llover y sigue de
pie gritando con alegría y ayudándole al semáforo a realizar su trabajo. Es de
los míos, pienso. Los autos siguen pasando rápidamente, como si no se
percatasen que mi “hermano” está sacando su corazón entre sus cuerpos flotantes
y grises en transcurso. Explota el cielo, llueve intensamente como si
reconociera mi rabia, mi ahogo, mi desesperación. Me saco la mochila y la tiro
lejos, no me importa recordar si es que tenía algo valioso dentro de ella como
para descartarla de mi vida para siempre. Quizás unos escritos, unas ideas, que
hasta ahora atesoraba tanto, pero en realidad están en mí, si no se guardan en
mí, entonces sepultaré mi memoria y me perderé en el vacío de lo que ocurre. Mi
mirada es un volcán eufórico. Mi cómplice existencial, el borracho, apenas de
pie, comienza a sucumbir, el peso del agua lo agota y pierde fuerzas. Le
tiritan las piernas, se cae, se levanta, se balancea. “!!!!!!Resiste!!!!!!!”
Grito con todas mis fuerzas. Lloro y me subo arriba de una reja “¡¡¡¡¡¡Resiste!!!!!!!”
El ahogo me gobierna, corro hacia la plaza que está aquí a la vuelta, tomo un
camote del porte de mi mano, la lluvia no me atormenta, corro a toda velocidad
y se la tiro con mis fuerzas viscerales al ventanal del Banco Bice Vida. Es
viernes.
(El joven corriendo se estrella contra la entrada principal del
banco, saca la piedra y con la misma empieza a golpear fuertemente el cajero
automático. Comienzan a sonar alarmas, suena un trueno, se cae, se levanta, se
balancea, se tira como si fuese un piquero a los autos que pasan raudos por la
avenida; una moto alcanza a frenar, con la misma piedra que no ha soltado corre
hacia al motorista y lo impacta contra el casco, la persona cae y no se
levanta, nadie se baja, se oye el grito del joven “¡¡¡¡resistencia!!!!”. Corre
directo hacia el jumbo, entra al supermercado a toda velocidad, la gente mira
asustada, se estrella contra los tomates y las cebollas. Toma un repollo y lo
revienta contra la cara de un hombre de corbata, le cae encima, lo escupe, dos
guardias se lanzan sobre los dos, intentan sacárselo de encima, el joven grita
y grita “¡¡¡Rebelión!!!”. Los guardias le rajan la polera, se golpean, caen
encima de los refrigeradores de la carne, rompen la barrera de vidrio, alguien
sangra; de una patada tira a un guardia hacia atrás, logra zafarse del otro y
corre por los pasillos, algo busca, la gente cae en la misma desesperación y
corren a todas partes como si arrancaran del loco. Nuestro héroe aparece con un
aerosol y un encendedor, comienza a tirar pequeñas llamas por todas partes, a
todo lo que se le cruce en su arranque desenfrenado, vuelven los guardias, pero
antes ya ha pateado a otro universitario que paseaba por el pasillo de galletas
con audífonos y que no se había percatado del alboroto. En brazos de unos de
los hombres de seguridad caen encima de una señora con su hija escolar,
derriban el stand de dvds, chocan contra los jabones, el jumbo es todo un
griterío, logra arrancar, sale a la calle nuevamente, lanza una molotov, que se
imaginó y se hizo realidad, al banco Bice. Con un palo empieza a golpear los
autos estacionados, dispara a los restaurants que bordean el supermercado con
una hechiza que cayó al suelo de alguien que corría. La gente pierde el
control, la lluvia cae y pareciera que no llueve, que hay sol y toda la tierra
se está revolucionando ante el cielo. Saca un hacha y corre ensangrentado,
empapado por completo con la ropa rajada y descalzo, golpea y golpea los
semáforos. La gente graba con sus celulares, los carabineros llegan a
atraparlo, lo toman de un brazo, con el otro sigue golpeando el semáforo, lo
amarran, le patea la cabeza a uno, le pegan, pero no suelta el hacha que le
cuelga de una mano, lo muerden, lo azotan y él grita “¡¡¡¡¡¡testigos de lo
falso!!!!!!!” “¡¡¡Corruptos de la mentira!!!” “¡¡¡¡¡Esclavos del engaño!!!!!!”
se escuchan disparos a lo lejos, sigue lloviendo fuertemente, el cielo se viene
abajo, chocan unos vehículos, se muere una persona, alguien golpea a otro sin
mayores motivos, se suicida una estudiante, un perro muerde a un niño, explota
una de las cajas de pago en el jumbo, el joven grita esposado bajo la lluvia “¡¡¡¡¡¡¡Qué
se rebele lo verdadero!!!!!!” “¡¡¡¡¡¡¡Que lo real sangre y se eleve!!!!!!”
Llora mientras llueve muy fuerte y el joven solloza “No lo acepto, no lo
tolero, no puedo entenderlo (entre llantos) no puede ser que sea así, no puede
ser, no tenía que ser así, no es correcto, no es sano, no puede ser (lo
desnudan y sigue llorando) ¿de dónde surge la belleza si nadie tiene corazón
para recibirla?; ¿de dónde nace lo auténtico en el desfile de la careta?”.
Se oye un
trueno. No hay luz, se oyen sirenas, bocinas, los autos están detenidos y
avanzan lentamente entre el taco que genera el caos. Todo se mimetiza en gris y
se ve brillar de lejos el cuerpo desnudo y pálido del joven luchador encima del
auto policial. Se revienta un neumático, explota una ampolleta, se cae una
paloma, se oyen más disparos, se derrama un sándwich y se hunde un bote en el
río Claro)
En la entrada
del carro de completos hay una mochila mal cuidada, con el cierre malo. Cerca
de la mochila un cuadernillo mojado y abierto tiene escrito:
“El adicto
vuelve a la droga como el estudiante a los libros. Se cierra el velo de una
novia inquieta. Te quise en lo mundano buscando lo cierto. Arrepentí el don de
mi talento en la furia limpia de mi corazón idealista. Cubrí con perdones el
sabor de mi rebeldía. Gota a gota cae la última noche, tras cada pestañar se
oscurece mi invierno. Pierdo, perdemos, duermo. Pierdo, perdemos, muero.”
Camino a la
cárcel se oye una canción:
“No soy el único, no, no soy el único, no”
Franco Caballero Vásquez (1986) Nacido en Rancagua, curtido en Chillán, adolecido en Curicó, pervertido en
Santiago y nacionalizado talquino. Pedagogo, magíster y doctorante, columnista
y editor imberbe.
Créditos:
Imagen del encabezado: El caminante sobre el mar de nubes de David Caspar Friedrich (Fuente: (cc) Wikipedia).
Fotogradía del autor: (c) Franco Caballero Vásquez