viernes, 4 de marzo de 2011
Grandes historias en voz baja: "La vida de los peces" de Matías Bize
Uno de los "males" en los que cayó el cine es el discurso maximalista de intentar hablar de los "grandes temas" de una manera grandilocuente. Sin embargo, esto produce una desconexión con la vida cotidiana. Es probable que un cometa o un asteroide caiga a la tierra, pero las personas se transforman en la escenografía y no en la historia misma. Por eso es tan buena la propuesta de Matías Bize (Sábado, 2002; En la cama, 2005, Lo bueno de llorar, 2006). Sin ser pretencioso, cuenta en voz baja grandes historias de gente común.
La vida de los peces sigue esa misma línea. Se centra en Andrés (Santiago Cabrera), quien escribe sobre destinos turísticos alrededor del mundo en una revista internacional. Desde hace años vive entre Europa y Chile, pero ha decidido quedarse definitivamente en Berlín. Vuelve al país para cerrar definitivamente una etapa, por lo que decide visitar a sus antiguos amigos en el cumpleaños de uno de ellos: Pablo. Según Andrés, era en los cumpleaños de éste en donde "siempre pasaban las cosas importantes". Y será ese espacio el que posibilite la continuación o el fin de una parte importante de su vida: su relación con Beatriz (Blanca Lewin), el verdadero motivo de su viaje.
Yendo de habitación en habitación, Andrés revivirá viejas historias de las que él ya es ajeno. La imagen de una gran pecera dentro de la casa será la metáfora de su situación. Sólo mira desde afuera, pero no nada con el resto. Hay una frontera entre él y los otros. Vidas ajenas a las que está unido sólo por el pasado.
Hay que hacer notar el manejo del espacio que tiene el director, pues enlaza los desplazamientos de Andrés con el descubrimiento personal. Cada cuarto le significará reconstruir parte de su historia y del resto. Desde "afuera" sabrá de las hermanas e hijos de sus amigos, de la nana de la casa, de Francisco el amigo muerto del que no se saben detalles, pero que, como él, ha quedado suspendido en el pasado. Con este paralelismo, se resalta la figura "fantasmal" de Andrés, quien vuelve del pasado sólo para ver lo etéreo de su situación entre aquellas personas.
Al encontrarse con Beatriz Andrés intentará lo que muchos han pensado hacer en algún momento: volver con un antiguo amor inconcluso. En ese impulso intentará retomar lo que había dejado y hacer realidad "lo que pudo ser". En ese equilibrio inestable de lo posible y lo real en una situación cotidiana la película gana una fuerza íntima que guardará su respuesta hasta la última escena.
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| Santiago Cabrera (Andrés), Blanca Lewin (Beatriz) y Matías Bize (director) |
Yendo de habitación en habitación, Andrés revivirá viejas historias de las que él ya es ajeno. La imagen de una gran pecera dentro de la casa será la metáfora de su situación. Sólo mira desde afuera, pero no nada con el resto. Hay una frontera entre él y los otros. Vidas ajenas a las que está unido sólo por el pasado.
Hay que hacer notar el manejo del espacio que tiene el director, pues enlaza los desplazamientos de Andrés con el descubrimiento personal. Cada cuarto le significará reconstruir parte de su historia y del resto. Desde "afuera" sabrá de las hermanas e hijos de sus amigos, de la nana de la casa, de Francisco el amigo muerto del que no se saben detalles, pero que, como él, ha quedado suspendido en el pasado. Con este paralelismo, se resalta la figura "fantasmal" de Andrés, quien vuelve del pasado sólo para ver lo etéreo de su situación entre aquellas personas.
Al encontrarse con Beatriz Andrés intentará lo que muchos han pensado hacer en algún momento: volver con un antiguo amor inconcluso. En ese impulso intentará retomar lo que había dejado y hacer realidad "lo que pudo ser". En ese equilibrio inestable de lo posible y lo real en una situación cotidiana la película gana una fuerza íntima que guardará su respuesta hasta la última escena.
Página oficial de la película:
www.lavidadelospeces.cl/
Agradecimiento por las fotos a :
www.lavidadelospeces.cl/
Facultad de Comunicaciones de la UDD
Walabi.cl
www.lavidadelospeces.cl/
Agradecimiento por las fotos a :
www.lavidadelospeces.cl/
Facultad de Comunicaciones de la UDD
Walabi.cl
miércoles, 23 de febrero de 2011
Arthur Schopenhauer hablando sobre "la verdad" y los "intereses" (voluntad).
"Amor y odio falsifican totalmente nuestros juicios; vemos solo defectos en nuestros enemigos, excelencia en aquellos que amamos... Una influencia similar ejercen nuestros intereses, de cualquier clase que sean, sobre nuestro juicio; lo que se opone a nuestros intereses lo juzgamos injusto y abominable. De aquí todos los prejuicios (de clase, profesionales, de sectas, de la religión). Toda hipótesis querida nos provee ojos claros para ver todo aquello que la confirma y nos vuelve ciegos a todo lo que se le opone. Nuestra inteligencia se permite estar fascinada y alucinada por el fantasma de nuestras inclinaciones."
Fragmento de El mundo como voluntad y representación
martes, 30 de noviembre de 2010
Sobre el mundo donde verdaderamente habito o la experiencia poética (Fragmento)
"Ninguna poesía ha calmado el hambre o remediado una injusticia social, pero su belleza puede ayudar a sobrevivir contra todas las miserias. Yo escribía lo que me dictaba mi verdadero yo, el que trato de alcanzar en esta lucha entre mí mismo y mi poesía, reflejada también en mi vida. Porque no importa ser buen o mal poeta, escribir buenos malos versos, sino transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar los valores que no sean poéticos, seguir escuchando el ruiseñor de Keats, que da alegría para siempre."
Jorge Teillier
Fotografía cortesía de Ginebramagnolia
viernes, 5 de noviembre de 2010
El rescate de los mineros y la escenificación política como forma de ocultamiento
"Kunst ist Magie, befreit von der Lüge, Wahrheit zu sein." / (El arte es magia, libre de la mentira de ser verdad).
Theodor Adorno
Escribo el siguiente artículo con el escrúpulo de ser uno más de los que llenan los medios hablando de los mineros de la Mina San José. Sin quererlo, sé que contribuyo al hastío de cada vez más personas que, como yo, se han visto atosigados por la proliferación de "noticias" al respecto. Por lo mismo es que escribo. Para hablar precisamente de eso y de los propósitos no tan ocultos de ello. Pues ya no basta con apagar el televisor o la radio. La noticia de los mineros estaba en el aire, en las conversaciones personales, en internet. Sólo un aislamiento antinatural podría habernos "salvado" de saber.
No cuestiono el hecho de preocuparse por el prójimo y de hacer lo posible por rescatarlos. Lo que está en entredicho en el tratamiento comunicacional y el uso político de esa catástrofe. Le escuché a Santiago Pavlovic que eso lo hubiera hecho cualquier gobierno. Pero eso no es excusa. No se puede dejar pasar el hecho sólo por que "los demás lo harían".
Lo que vimos fue una escenificación. Los mineros eran reales, el hoyo era real, la catástrofe era real. Pero todo era un simulacro de la realidad. Las cámaras, los gestos, los tiempos, el suspenso de los mensajes continuos y que no adelantaban nada. Por mucho vimos cómo los mineros se volvían héroes en desgracia que eran rescatados por otros héroes con poder.
La escenificación está cercano a lo artístico. Hay un diseño en la disposición de los elementos. Los adornos, los tiempos, la hipercobertura, están ahí para darnos una experiencia estética, de los sentidos. Creer de nuevo en que los milagros existen, sentirnos parte del heroísmo, que la vida es frágil, pero valiosa. Como escuché por ahí, el país estaba "unido en un solo corazón", pero, ante todo -y eso no hay que olvidarlo-, todo esto enmascara el hecho de que los mineros fueron víctimas. No soy el primero en decirlo y ojalá no sea el último. Ellos pasaron el peor momento de sus vidas por trabajar en una situación precaria. Regocijémonos con que todo salió bien, pero miremos debajo de la carpa. Démonos cuenta de que detrás de los "corazones arriba" y la felicidad envasada se quiere esconder lo verdadero, el gran peso de nuestra existencia como chilenos.
Walter Benjamin hablaba de la "estetización de la política" y que atribuía al totalitarismo fascista, acá lo vemos reducido a una herramienta neoliberal como producto de consumo. Todos vendieron. Los canales de televisión, los publicistas, el gobierno. El heroísmo fue la moneda de cambio con la que los poderosos explotaron esta mina de desamparados.
Créditos por las fotos:
http://www.cubadebate.cu
http://www.notiexpress.com.ar
http://noticias.aol.com
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