lunes, 6 de mayo de 2024

Arbor (Selección)

 Pablo Rojas Escobar





1

Lanzo mis ramas al cielo todas las mañanas. Pongo una raíz en cualquier parte. Voy con mi corteza herida por los hachazos del rayo y la sierra de la lluvia en los pasillos. Como siempre en primavera, soy fuerte como el sol y amo el aire y el agua.

Por la noche me retiro. Contemplo las estrellas pintadas de mis hojas. La savia que corre por mis venas salta a fines del verano y doy a luz, a mis frutos. Ellos caen como la lluvia, como racimos de mí. A veces caen por días y semanas y muero de dolor.

En otoño suelo llorar la muerte de mis hijos y el frío del granizo me abofetea el rostro y no soporto más mi follaje ca­noso y termino peleando con el viento odioso que no me deja en paz. Termino vencido todos los inviernos, muerto por un segundo, knockeado por la brutalidad de la noche. Pero revivo de esa noche en la mañana, y con el sol que nace abro un ojo en cada capullo para mirar el horizonte.

Es difícil amar el aire cuando es humo y hielo y es traba­joso el arte de vestir hojas y perfumar flores. No busco la belleza deliberadamente, ella aparece y se va. Puedo hacer cientos de flores y frutos, pero ahora sé que tengo que sufrir por ellos y pagar muy caro por verlos partir.

 

 

Cada año tengo que pasar lo mismo. Los dioses me dieron esta rutina. Con el tiempo he mejorado algunas cosas, pero el ánimo del viento o el amor del sol me son por completo indescifrables. Para pasar los días hablo conmigo mismo. Me cuento historias de la primavera pasada o dibujo otros árboles al unir las estrellas una a una.

A veces vienen los hombres y les doy la sombra en el descanso de sus labores. Sus niños se suben a mis ramas. Saltan sobre mí. Uno se trepa hasta la cumbre y saluda. Desde allí con­templa la pradera y se asombra por primera vez de la belleza. Cuando se aman, tatúan sus nombres en mi piel y me contagian sus risas y su dolor.

Algunos inviernos se llevan algunas de mis ramas. Ver­daderamente la muerte de algunos beneficia materialmente a algunos otros. Nunca podré saber si ya no habrá más primave­ras, más momentos de atardecer, lluvia o relámpago. Éste po­dría ser el último invierno y estas mis últimas ideas, mis últimos anillos.

 

3

Hoy desde temprano han llegado los pájaros. Quieren hacer nidos en mis brazos y en mi pecho. Ellos viven cada día con la alegría del último día. Nada les falta, ni el alimento, ni el abrigo, ni la alada libertad. Aprendo de ellos a recorrer el cielo con la mirada. Me agrada darme como hogar. Pronto serán más y más y cantarán de la noche al amanecer.



5

La primavera es una cruel hipocresía. Todos los años nos invita a una fiesta de disfraces para celebrar a la reina de las promesas. Noche y día paso confeccionando mis adornos, ni el viento me ama ni la lluvia me consuela, ni el sol me distrae de mi oficio. Todos trabajamos incansablemente para ella. Y llegado el día las aves más selectas entonan himnos dulces, y elegantes viajeros llegan a mis ramas. Mas todos ellos, acabada la fiesta, me dejan solo nuevamente y se van. Entre una primavera y otra, la soledad; y entre una y otra soledad, la fiesta y la primavera. Algunas noches de fiesta la embriaguez de la vida nos sorpren­de pensando en la eternidad ¡Cuántas veces soñé con la eterna fiesta de la primavera! Pero sólo es ilusión de las estrellas, del viento, la lluvia y el amor. Todo lo demás desaparece, las flores, el canto y el calor del sol. Me consuelo al amanecer pensando en el verano y en los frutos que tendré, hijos de este amor. Y respiro el polen luminoso esparcido en el aire de la mañana y me muevo bailando aún en el viento junto al cóndor y al quieto monte que murmura. Y vuelvo al trabajo irrenunciable de las flores, los perfumes, las tinturas.

 

 

6

Qué doloroso oficio el de hacer hojas tiernas de madera seca. Como golondrinas inquietas que quieren escapar, con el pico escarban en mi piel hasta romperme y estallar en verde. Siento una fuerza inquieta recorrerme desde la raíz hasta los brotes, una luz secreta que me hiere hasta las lágrimas y me llena de felicidad. Y pienso en las primaveras pasadas, en mis primeras flores y mi primer cambio de hojas. Y todo ese dolor, toda esa alegría no han sido en vano, pienso. Sé por ejemplo, que la oruga come de mis hojas y sus pies peludos me hacen cosquillas con su lento caminar, y sé que sus mordiscos dimi­nutos me pican tanto como los retoños que me nacen año a año al nacer el sol. Pero sé también que luego duermen entre mis cortezas y una mañana cualquiera veré nacer la mariposa al viento desatada. No podría describir la alegría de una nube de alas coloridas revoloteando entre mis ramas, pequeñas flo­res bailarinas, jugando brevemente. Al otro día desaparecen tan rápido como aparecieron, súbitamente. Cuando se van, todo queda en silencio recordándoles, y pienso si son acaso como la alegría misma, tan ligera, tan breve, tan fugaz.

 

 

 

9

Al atardecer, con la brisa fresca retomo la perdida labor de pintar hojas.

Al llegar los primeros soplos comienzo a remover mis recién doradas ilusiones, y en el aire dejo una palabra que nun­ca volverá a ser dicha.

En ocasiones mis hijos, dulces y maduros caen rodan­do a la tierra hambrienta. El tiempo los devora, siempre verdes en mi mente jugando entre las ramas. Cuánto me cuesta verles caer y desangrarse, cuántos días amándoles entre mis made­ras más calientes y fecundas, y cuánto me cuesta verles partir. Debo dejarlos repartirse y deshacerse para volver a hacerse ár­boles amables, frondosos, frutales, cimbrándose en las nubes, amando las montañas; así los veré un día.

Pero al atardecer los dejo, en las entrañas de la muerte, doloroso como el cóndor en lo alto, solo como el mar consigo mismo, como el viento girando, abalanzándose sobre el campo ondeado. Los dejo viajar al principio, al fuego escondido. Y sien­to que pierdo a alguien para siempre como una nube viajera que jamás volveré a ver.

 

 

13

De pronto siento que todo se acaba. ¿Qué son cien, dos­cientos, trecientos años? Sólo más dolor, más aburrimiento y desesperación. He visto al padre de mi ingrato leñador, y al pa­dre del padre de mi ingrato leñador, quién sabe si acaso he con­versado con el padre del padre de su padre. Pero ya no hablaré con los hijos de sus hijos, y no me importa.

Ya he visto suficiente.

Mi madera se ha cimbrado en los vientos violentos, conocí el rayo, el aguacero y el verano inagotable. Ahora me entrego al olvido, a la orilla del tiempo, y naufrago en la incer­tidumbre.

Comprendo que esta caída es el final. Ya he dejado el dolor para siempre. No habrá más retoños después de talado. Me pierdo en la última sensación de mis raíces.

Hace muchos años un niño me enseño esta canción. Quisiera cantarla mientras caigo, mientras me pierdo entre la ola del follaje desmembrado.

Se me quiebran las ideas en el pecho. La tierra es tan dulce como el abismo y el cielo es ahora más lejano que nunca, porque nunca llegaré a besarle.

No me importa.

Un olor a tierra se levanta con la brisa de la tarde. Todos volvemos al lugar de origen.

 



Pablo Rojas Escobar (Temuco, 1981) es docente, Licenciado en Letras, Magister en Análisis del Discurso. Se ha desempeñado como profesor de Expresión Oral, Lectura y Escritura Académica en algunas universidades de La Araucanía. Actualmente es profesor de Español en la Secundaria East de Chapel Hill de Carolina del Norte en Estados Unidos. En 2007 publicó El bosque está en mis ojos y yo estoy en el bosque en la ciudad de Buenos Aires; y más tarde en 2020, Caminantes en la nieve. Ha publicado cuentos, ensayos y poemas en revistas literarias.

 

Crédito de las imágenes:

Dorftlandschaft bei Morgenbeleuchtung (Einsamer Baum) y Der Sommer, David Caspar Friedrich (Wikipedia).
Árbol caído, Martín Rico y Ortega (Museo del Prado).


lunes, 22 de abril de 2024

Video del lanzamiento de "El descanso en la escalera N° 4"

Como una forma de lanzar el cuarto número de nuestra revista tuvimos un encuentro virtual con los autores Miguel Acevedo y Roberto Contreras, quienes amablemente leyeron sus textos publicados "El descanso en la escalera" y respondieron a nuestras preguntas. Sin duda quedamos con ganas de repetir la ocasión, pero por mientras, les dejamos este video del encuentro.

Lamentamos, eso sí, los problemas técnicos que tuvimos al comienzo, que no hicieron posible que participara Yanina Piñones Araya, quien se encontraba en línea y que no pudo ingresar a la conversación. Pero ya nos hemos comprometido a una actividad con ella, en donde podremos hablar de su rol como escritora e investigadora. Así que desde ya quedan todos invitados.

 


 

 

lunes, 15 de abril de 2024

Lanzamiento virtual de "El descanso en la escalera N°4"

 


Quedan todos invitados al lanzamiento de “El descanso en laescalera N° 4”. En esta ocasión contaremos con la presencia virtual de los autores Yanina Piñones Araya, Miguel Acevedo y Roberto Contreras, con quienes hablaremos de sus textos y proyectos.

 

 

Miguel Acevedo
Yanina Piñones Araya
Roberto Contreras



 

 

 

 

 

 

 

El encuentro lo haremos por Instagram el viernes 19 de abril y el horario es según la región el siguiente: 

10:00 Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Honduras y México.
11:00 Perú, Colombia, Panamá, Ecuador.
12:00 Chile, Bolivia, Venezuela, Paraguay.
13:00 Argentina, Brasil (Sao Paulo), Uruguay.
17:00 Portugal, Guinea Ecuatorial, Reino Unido.
18:00 España, Alemania, Sudáfrica.
 
Puedes seguirnos en Instagram en @el_descanso_en_la_escalera

¡Nos vemos!




lunes, 8 de abril de 2024

El descanso en la escalera N° 4


 

 

Ha aparecido el tercer número de nuestra revista. La costumbre es sacar un numero compilatorio anualmente de los textos que publicamos en el blog. Sin embargo, esta vez nos demoramos, debido a la pandemia de coronavirus y todo lo relacionado con la vida personal de los que llevamos esta revista adelante. Pese a ello, esta demora ha traído un lado de positivo, ya que este número incluye muchos más textos que los anteriores y eso siempre será bueno para aquellos que nos gusta leer.

La revista es de distribución gratuita y así se quedará. Pueden bajarla en este enlace: El descanso en la escalera N° 4

 

lunes, 1 de abril de 2024

“Los sueños son mensajes de lo profundo”, crítica a "Dune: Parte Dos"

Miguel Acevedo

 



El escritor norteamericano de ciencia ficción Frank Herbert estuvo 6 años preparando el material que luego se transformaría en la novela Dune, la primera de una saga épica de 6 libros. El director de cine Denis Villeneuve siempre fue consciente del valor literario y artístico de Dune, que va más allá del género de la ciencia ficción y de las comparaciones con Star Wars, puesto que la sólida obra de Herbert es anterior a la space opera de George Lucas. Así que Villeneuve concibió una trilogía cinematográfica con Dune: parte uno y Dune: parte dos, y que va a concluir con la adaptación cinematográfica de la novela Mesías de Dune.


Portada de la primera edición en inglés de "Mesías de Dune"


Y ahora hace pocas semanas se estrenó mundialmente Dune: parte dos, con la que se cierra el arco del primer libro. Ya la primera parte es una magnífica película, con todo su diseño de producción y su cuidada realización cinematográfica. Pero esta segunda entrega de la visión de Villeneuve deja la vara altísima, convirtiéndose en mi opinión en una de las mejores películas de ciencia ficción de lo que va de la década. Su música sorprendente, sus tremendos efectos visuales, todo el apartado técnico y la cinematografía de un film al servicio de la historia que nos cuenta, apoyadas en las notables actuaciones de su elenco (no podemos dejar de destacar el trabajo de Timothée Chalamet, Zendaya, Rebecca Ferguson, Josh Brolin, Austin Butler, Florence Pugh, Stellan Skarsgård, Javier Bardem y Anya Taylor-Joy).

Timothée Chalamet como Paul Atreides

 

Villeneuve, uno de los realizadores de cine del momento, tiene claro el lenguaje del arte cinematográfico, y por eso en esta película que adapta un libro, hay momentos en que lo único que importa son sus sobrecogedoras imágenes. Y las decisiones y cambios que toma con respecto al material literario son en función de la película, sin dejar por ello de lado la integridad de la novela que adapta. Dicen que en una ocasión un crítico de cine le preguntó a Hitchcock si la escena de la ducha de Psicosis se justificaba, y el director le contestó que era esencial para la integridad de la película. Acá, Villeneuve es consciente en todo momento del material que está adaptando, al que respeta (creo más bien que ama) profundamente, y sus decisiones creativas y cambios en la historia, que han escandalizado a algunos fans de las novelas (que quizás nunca han escrito un cuento o filmado un cortometraje en su vida), son en función de la aventura épica que nos ha regalado, una profunda experiencia audiovisual que demanda ser vista en una sala de cine.

 

"En ese momento, Paul vio en lo que Stilgar se había transformado: de un naib Fremen a una criatura del Lisan al-Gaib, un receptáculo de estupor y obediencia. Era un hombre venido a menos, y Paul vio en él el primer soplo del viento fantasmal de la yihad".

 

Esta cita del libro de Herbert describe el proceso que va desplegándose en las casi 3 horas de duración de Dune: Parte Dos. Cómo Paul Atreides se va transformando en el Mesías guerrero de los Fremen de Arrakis, Dune. Y como inexorablemente vamos hacia la Guerra Santa con todas sus feroces implicaciones, guerra santa que en la novela de Frank Herbert es llamada sin ambigüedades Yihad. La obra de Herbert es profundamente ecológica y política, y también nos habla mucho de la religión y su papel en las sociedades humanas. Y afortunadamente lo mismo puede decirse de la película de Villeneuve.

 

Algunos comentaristas de la película nos dicen apresuradamente que tanto Paul Muad’ Dib como Lady Jessica son en realidad villanos, pero eso es no comprender ni la cinta ni la novela. Son personajes complejos, llenos de matices y cruzados por contradicciones, como todo ser humano que ha hecho algo notable en su vida, más aun los que se han transformado en leyendas. Y esperamos que esta visión de Villeneuve se siga desarrollando en la tercera película, que yo desde ya espero con ansias.

 

“Larga vida a los guerreros”.

 


 

Créditos de las imágenes

Timothée Chalamet como Paul Atreides: Dune Wiki

Personajes de Dune 2: Best Movie