jueves, 24 de julio de 2008

Resignificaciones: recut y montaje

Que todo puede significar más de una cosa es algo palpable cotidianamente. Las palabras transitan de objeto en objeto y a veces este nomadismo puede llevarnos a malentendidos. Pero no sólo las palabras pueden ser "desviadas". Duchamp ya nos advertía con su urinario en un museo que las cosas no son sólo cosas, sino que hay un significado que le añadimos que está influido mucho por la contextualización que intencionamos. Ese urinario se transforma en otra cosa, en algo distinto a su significado originario. No creeré como los más postmodernistas que es un signo vacío que llenamos. Sin duda, si fuera así, daría lo mismo que fuera un urinario. Podría haber sido un zapato o una zanahoria. La calidad de mingitorio realza el sentido que el autor quería dar a su obra.




Confiamos mucho en nuestros sentidos y en especial en nuestra vista. Pero no siempre lo que vemos es lo real.

Hace un tiempo un par de colaboradores de este blog me mostraron algunas muestras de lo que técnicamente se llama "recut". Consiste en reorganizar ciertas tomas de una película y crear una sinopsis que no tiene nada que ver con el contenido original de la película, pese a que son las mismas escenas que se puede encontrar en ella. Una muestra: Shine, traducida al español como El resplandor.


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La historia de terror fantástico-psicológico queda reducida en una película familiar de domingo por la tarde. Todas las escenas son tomadas de la película original. Sólo se le ha añadido la voz del narrador y la música incidental, que si no me equivoco es de Peter Gabriel. Eso es suficiente para cambiar completamente "lo que es" El resplandor.
Otro caso más extremo de este procedimiento es el de la dulce Mary Poppin's transformada en una sádica bruja.


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No hay nada que no esté en la película original, a excepción de la música incidental. Sólo ha variado la disposición de las escenas.

Lo que podemos pensar es que la disposición de los elementos, junto con la añadidura de ciertos detalles pueden hacer variar en gran medida o completamente algo. Dejemos un poco de lado el "recut" y vámonos al ámbito plástico para ver esto mismo.
El mismo Duchamp copió a la famosa "Monalisa" y le puso bigotes y barba, poniendo abajo de la imagen el acrónimo "L.H.O.O.Q."


Esta intervención podría ser vista como sólo algo entretenido, pero demuestra el poder que tiene la añadidura de ciertos detalles en el elemento original. Uno de los mayores atractivos de la "Monalisa" es el misterio de su sonrisa. A ello Duchamp lo explica con el acrónimo. "L.H.O.O.Q." se lee en francés como "Elle a chaud au cul", que se traduciría como "Ella tiene el culo caliente", lo que explicaría el por qué se ríe. Esta es una forma de desacralizar la tradición artística usando la misma tradición.

Dejemos un poco de lado el hecho de que experimentos como éstos son sin duda entretenidos, y preguntémonos "¿Lo que vemos a diario, es lo que realmente sucedió?". El mundo se nos ofrece como algo dado. Caminamos irreflexivamente por senderos conocidos, ¿pero los comprendemos realmente?

La imagen es lo más cercano a nuestra experiencia y la tecnología se ha desarrollado en torno a ella. Mejores fotografías, mejores pantallas, mejores impresiones, más realismo en los juegos. La realidad virtual se basa en la imagen y no en los olores, por ejemplo. Es por ello que la lucha ideológica que se vivió en el siglo XX utilizó también este medio para mostrar LA realidad que era SU realidad.

Stalin cuando entra en conflicto con Trotsky hace uso de todo su poder para mostrarlo como un traidor al movimiento obrero y lo excomulga incluso de la historia. Obsérvese las dos imágenes de a continuación:





Las dos fotos muestran el mismo hecho: Lenin dando un discurso público en 1920. Sin embargo, la segunda foto ha sido retocada para sacar a Trotsky del lado de Lenin. Ya no está con el líder, ya no es quien estuvo con él durante el proceso revolucionario. No está en la foto, nunca sucedió.
Esto es lo que podría llamarse el efecto de realidad. La imagen, en su obviedad, puede llegar a ocultarnos la realidad, pues no la cuestionamos. No se trata de caer en la paranoia, sino de repensar lo que cotidianamente absorbemos como consumidores de imágenes. ¿Cuánto de lo que vemos es lo que sucedió, pero de manera tan distinta a como aconteció? Saberlo es el desafío. No saberlo, nos condena a que otros tomen nuestras decisiones.

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