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lunes, 5 de mayo de 2025

 El Anticristo es un juego de niños

Sobre El día de la bestia (Álex de la Iglesia)

Pamela Uribe Valdés



Hace unos días nos sentamos a ver en familia El día de la bestia, de Álex de la Iglesia. Una película hilarante que sigue a un cura que, tras descifrar un mensaje oculto en el Apocalipsis, decide consagrarse al mal para acercarse al Anticristo y eliminarlo. Se constituye así una triada de personajes insólitos: un rockero satánico de gran nobleza, un vidente charlatán y él mismo, un sacerdote que ha hecho un pacto con el Demonio. Esta extraña trinidad profana, espejo invertido de la triada divina -Padre, Hijo y Espíritu Santo-, se lanza a una cruzada alucinante para salvar al mundo del nacimiento del Anticristo, siguiendo señales confusas y padeciendo toda clase de golpes, abusos y desventuras.



A mi hijo le decepcionó el final: después de todo lo que pasaron, los sacrificios, las palizas, las muertes… ¿para qué? Nada cambió, no hubo gloria, ni revelación, ni recompensa. Pero acaso, ¿no es así de absurda la vida? Le respondí. Hay que vivir pensando que la mayoría de las cosas que nos pasan y que hacemos no tienen mucho sentido ni tampoco un final glorioso.

Y entonces, en medio de la conversación nos surgió otra: ¿quiénes son realmente los malos y los buenos en esta historia? Porque el grupo que supuestamente salva el mundo está compuesto por pecadores, marginados, tipos rotos: un metalero que parece feroz, pero tiene una ternura y lealtad inquebrantable; un farsante que no cree ni en los poderes que predica; y un cura que intenta romper todas las reglas de su fe para hacer el bien a través del mal. En cambio, los verdaderos villanos se esconden tras discursos de pureza: los que quieren “limpiar” Madrid de la suciedad y la pobreza, los que proclaman orden y moralidad… son ellos quienes asesinan al supuesto Anticristo, creyendo actuar en nombre del bien. Pero el cura, en su visión final, los ve transfigurados: ellos son la verdadera maldad. El mal disfrazado de virtud.



Si miramos lo que ocurre en la actualidad, es difícil no pensar que los verdaderos villanos de El día de la bestia —los que querían "limpiar Madrid" con violencia— tienen hoy un eco fuerte en muchos líderes políticos internacionales. Han ganado terreno en sus propios países con discursos similares, aunque más elaborados, envueltos en patriotismo, crecimiento económico, fe o seguridad nacional. Pero el núcleo es el mismo: "limpiar", expulsar, aniquilar lo diferente, lo pobre, lo ajeno.

Hoy ya no se trata solo de un vagabundo quemado en la calle. Se trata de migrantes convertidos en amenaza, de minorías racializadas que son criminalizadas, de adversarios políticos demonizados. Todos ellos deben ser "eliminados", simbólica o literalmente, para que el país vuelva a ser grande. ¿Grande cómo? Económicamente, territorialmente, culturalmente… como si ese pasado idealizado por el discurso que ellos mismos han construido no fuera una representación de sus propuestas radicales.

Estos líderes se presentan como víctimas incluso cuando cometen crímenes horrendos. Bombardean, encarcelan, suprimen, deportan y al menor cuestionamiento se atrincheran: dicen estar haciendo justicia por los suyos. Se apropian del dolor colectivo y lo manipulan. Y cuando alguien los critica, levantan escudos discursivos para acallar la disidencia: etiquetas sacadas de contexto, como "antipatriota", "antidemócrata", incluso "antisemita", cuando ni siquiera se está hablando de religión.

Sin ser una persona religiosa, me temo que aquel demonio bíblico superó la iconografía medieval; ya no necesita cuernos ni rituales satánicos. Viste traje, habla con convicción, aparece en cadena nacional, y tiene millones de seguidores que lo aplauden convencidos de que la “limpieza” es necesaria.

Ahora, a nivel nacional, en Chile, se avecinan nuevas elecciones. Y aunque el discurso de “limpiar” suene levemente más suave que en otras latitudes, la disconformidad se hace latente, sobre todo en una clase política que, en mi opinión, está compuesta casi enteramente por la burguesía dominante: alta o baja, capitalina o regional, pero burguesía al fin. Muchos de ellos parecen convencidos de que es necesario "limpiar Chile": de migrantes, de delincuentes, de desempleo, de todo lo que no encaje en su idea de orden.

Pero, ¿quién define qué debe ser limpiado? ¿Y a qué costo? ¿Qué discursos se activan cuando se vuelve aceptable ver al otro - al pobre, al extranjero, al distinto - como una amenaza a erradicar?

En este momento no puedo sino volver al final de El día de la bestia. No necesitamos un Anticristo sobrenatural que exhiba sus cuernos y cola en nuestra sociedad. La verdadera esencia de la maldad está entre nosotros: viste trajes caros, ofrece promesas exacerbadas, agita temores con elocuencia. Al lado de ellos, el Anticristo es casi un juego de niños. Al menos él tenía un destino inevitable. Ellos, en cambio, eligen ser lo que son. Y lo más inquietante: son producto y consecuencia de nuestras propias decisiones.



Créditos de las imágenes:

Figura 1: Wikipedia contributors. (s.f.). Portada de El día de la bestia [Imagen 1]. (cc) Wikipedia.
Figura 2: de la Iglesia, Á. (Director). (1995). El día de la bestia [Fotograma]. Sogetel / Canal+.
Figura 3: de la Iglesia, Á. (Director). (1995). El día de la bestia [Fotograma]. Sogetel / Canal+.
Figura 4: de la Iglesia, Á. (Director). (1995). El día de la bestia [Fotograma]. Sogetel / Canal+.Sogetel / Canal+.

lunes, 27 de julio de 2020

Fragmentos de un golpe - El dictador

Pamela Uribe Valdés




Esa cálida tarde de noviembre Mr M estaba solo, no por casualidad, sino por propia e irrevocable opción. Pidió expresamente a sus asesores que fueran a planificar lo que vendría más adelante. Quería enfrentar a sus verdugos –esos mismos que hasta ayer fueron sus aliados con la cabeza en alto como en sus mejores días de la guerrilla. Añoró tener un arma y haberse ido disparando y muriendo como un mártir, pero no lo hizo. Ya era viejo y tenía mucho que perder. Probablemente ni se acordaría cómo cargar o disparar un arma, aunque pensó que las viejas mañas del oficio jamás se olvidan.

Esa tarde los árboles expedían el olor de la naturaleza salvaje contenida por toneladas de concreto. Una naturaleza que le hizo recordar una vaga y luminosa sonrisa resplandeciendo desde el fondo de la oficina. Le hubiese gustado escuchar esa voz ofreciéndole un café o recordándole las citas del día siguiente. Una voz que se había esfumado hace mucho. Era parte de una metamorfosis real que él mismo presenció y de la que probablemente era el primer responsable. Aunque tal vez, pensó por un momento, él habría sido la víctima del engaño. Se sintió inseguro y comenzó a preguntarse si sería así desde el comienzo.

Ni todas sus lecturas tras años de estudio, ni sus experiencias en la guerra, ni sus viajes por el mundo le ayudaron a reconocer la verdad y cayó inocente como un animal salvaje en las trampas de un cazador. Ni las peores experiencias en la guerrilla le ayudaron a dilucidar el engaño desde el comienzo y la realidad explotó en su cara tras más de cuarenta años, como cuando su joven amigo Vatawa, quien lo perseguía cada noche en un bucle interminable, se paró inocente sobre una mina que lo destruyó y lo dejó diseminado en pequeños trozos de carne ahumada por los campos de la alguna vez llamada Rodesia.


¿Cómo reconstruir esta historia? Recordar todo es imposible, pensó. Serían los años los que afectaban de manera implacable los recuerdos añejos o tal vez sería el dinero. Tanto dinero. Cuanto más tienes más fácil es cambiar la realidad a tu antojo, pensó. El dinero se convirtió en mi droga y me confieso un adicto, se repitió a sí mismo mientras esperaba la irrupción de la cuadrilla sublevada del ejército.

Cabizbajo, viejo, somnoliento, apoltronado en su magnífico escritorio recordó a su ex mujer;  una morena fuerte de carácter soberbio, pero incapaz de reconocer sus infidelidades. A tu marido no debes humillarlo, decía la difunta. A tu marido no debes enrostrarle nada, decía la mujer quien vivió como una reina silenciosa hasta el fin de sus días. Es paradójico pensar que una mujer tan fuerte, una verdadera mamba jamás lo enfrentara. Jamás llegó la pregunta: ¿te estás cogiendo a tu secretaria? Lady Z no actuaba de esa manera. No era digno de una persona como ella. Jamás hubiese provocado ese tipo de enfrentamientos. Ella prefería un gobierno silencioso, aunque no menos tiránico, a la sombra de su marido.

Ella no necesitaba gritarle su rencor por el engaño y no era porque creyera en la poligamia; para nada. Lady Z se llevó a la tumba el odio en el pecho y él debería vivir con sus miradas de rencor por el resto de sus días. Todavía recordaba su débil cuerpo descansando antes de morir. Allí estaba ella, con su cabello enrollado en un turbante blanco, como un ángel vencido, pálida sobre unos cojines con sus brazos extendidos. Cuando el doctor se acercó para decirle que Lady Z pronto partiría, él se acercó al lecho y estrechó su mano contra su pecho con los ojos húmedos. Los ojos de Lady Z lo miraron con grandeza, para luego girar la vista hacia una pared. Así pasó la tarde hasta que murió; mirando un blanco muro. Prefirió ver la pared que mirar sus ojos antes de morir.

Nunca confíes en la serenidad de una mujer por más silenciosa que parezca; puede contener en su pecho el veneno del mundo, se dijo a sí mismo mientras seguía esperando.

Lady Z había partido hace mucho, probablemente estaría desde el cielo mirando y, tal vez, disfrutando ver su caída. Su actual esposa ya había abandonado el país junto al menor de sus hijos. Según los asesores debía partir por protocolos de seguridad. Lady Gucci se iría a una de sus mansiones en uno de los países vecinos, allí lo esperaría junto a sus otros dos hijos, ambos felizmente solteros. Ese par de muchachotes hermosos; dos dioses de ébano que disfrutaban ostentar su mundo con innumerables listas de amigos desconocidos.

Mr M cerró levemente sus ojos. El calor apenas perceptible desde el exterior lo hizo dormitar. Su mente descontrolada entrelazó múltiples historias de amor, de odio, de muerte y tortura. Sobre ese caos de recuerdos inconexos levitaba como una hoja la nítida figura de Salomón Vatawa. Estaba tal y como lo vio por última vez; alto y delgado. Su camiseta sudorosa traslucía el desgaste de los años y su rostro esbozaba una sonrisa tan grande como el mundo. Vatawa lo miraba sonriente sobre su nube de caos, mientras a sus pies se repetía una y otra vez la imagen de su cuerpo mutilado. La explosión que lo alejaba de este mundo y lo convertía en una lluvia de carne ahumada que salpicaba el rostro de Mr M. Un recuerdo mucho más antiguo que la sonrisa de Lady Gucci, o las fotografías de sus hijos, el desprecio de Lady Z, incluso mucho antes de la ceremonia de investidura.

Vatawa había sido un buen amigo, se dijo Mr M; muy honesto y servicial. Lo recordaba como un muchachito bastante menor, pero con la estatura suficiente como para portar un AK47 o una RPD. En esa época Salomón era considerado un hombre y un soldado útil al ejército. El muchacho que no superaba los catorce años se vanagloriaba de haber matado a tres Selous Scouts británicos mientras éstos intentaban localizar a las guerrillas para luego abrir fuego desde el aire. Pese a la vehemencia con que el muchacho relataba su historia Mr M, en el fondo, tenía la certeza de que gran parte de ese relato había salido de la imaginación de un niño a quien el mundo le exigía comportarse como adulto.



Lo cierto es que las fantasías infantiles de Vatawa lo conmovieron. Probablemente porque veía su espíritu adolescente reflejado en el joven shona que quería pasar a la historia como libertador de su país.

Solamente la inconsciencia de una muerte rápida consolaba el corazón de Mr M cada vez que lo recordaba o lo veía en alguno de sus sueños. Una muerte por explosión sería probablemente mucho mejor que su propia muerte. ¿Qué pensaría ahora el muchacho? ¿Qué diría al verlo sentado en el sillón presidencial tras más de treinta años en el poder? ¿Tal vez sería uno de sus ministros? ¿O tal vez lo combatiría porque se había transformado en el dictador que tanto intentaron combatir? El muchacho sabía y apoyaba sus aspiraciones, pero más que nada soñaba con la libertad de su gente, con luchar por la Unión Nacional Africana para instaurar una república libre.


¿Por qué nos hemos tardado tanto?; le preguntó el muchacho en su última noche de vigilia. Tal vez porque no estábamos preparados, respondió Mr M en esa ocasión. Una respuesta que ninguno de los dos creía, en realidad, nunca o casi nunca se está completamente preparado para algo, eso pensaron, mientras los ecos de las palabras eran tragados por la inmensidad de la sabana.

El día siguiente fue como cualquier otro: pasar revista, asignación de funciones y encargados y comenzar con la primera ronda que, en general, siempre era sin novedad. Lo verdaderamente extraño de ese ataque fue que nadie supo realmente qué fue lo que ocurrió. Nadie siquiera escuchó las hélices del Alouette. En realidad nadie sabe si hubo un helicóptero rondando o si el ejército rodesiano fue el responsable. Tal vez fue un ataque sorpresa del ZAPU que, comandado por Nkikomo, planificó una emboscada para eliminar a sus tropas. Era sabida por todos la rivalidad entre éste y Mr M, no sólo por sus aspiraciones políticas, sino por disputas ancestrales procedentes de sus respectivas etnias: Shona y Ndebele. Ambas aliadas en esta oportunidad contra un enemigo común; la hegemonía blanca de los invasores, pero contrarias ancestralmente por disputas centenarias.

Después de los sucesivos enfrentamientos financiados y apoyados, como en casi toda la época por los dos grandes bloques del hemisferio contrastante, la lucha finalizó con el bando de Mr M al mando. Mientras el pueblo de Nkikomo terminó siendo masacrado por los nuevos líderes. Es así como se inició el nuevo gobierno con Mr M a la cabeza, electo y reelecto una y otra vez hasta hoy. Porque hoy era un día importante, por eso Vatawa se aparecía en sus sueños. Vatawa venía por él y no Lady Z. Ella aún le guardaba rencor. Vatawa venía a su encuentro como un hermano o un hijo para acompañarlo en su último viaje como un Vadzimu1.



El reloj seguía su monótona marcha y el personal del ejército sublevado aún no aparecía. Mr M pensó que con esa velocidad de seguro hubiesen perdido su guerra. No se suponía que ahora las tropas estaban compuestas por profesionales. Más parecían un grupo de perezosos sin espíritu sólo interesados en cobrar la paga a fin de mes. Nosotros teníamos espíritu, nosotros fuimos héroes e hicimos historia, se decía mientras dormitaba.

Ahora podría huir sin problemas, pensaba, ya estaría en Sudáfrica si hubiese querido. Estaba tan sumido en sus cavilaciones que no escuchó los golpes a la puerta. Sólo reaccionó ante la patada final que rompió la cerradura.

- Llegan tarde les dijo–, ya estaba a punto de echarme una siesta.

 

Notas

1 Espíritu de un antepasado que espera junto al fallecido hasta que su familia celebre su “Bienvenida de regreso”.

 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La Ciudad (Poema 48), Gonzalo Millán





Gonzalo Millán (1947-2006) fue un poeta chileno que como tantos otros de su generación vivió el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Durante su exilio en Canadá publicó la primera versión de La Ciudad, libro que describe la opresiva vida diaria del país durante la Dictadura Militar. Publicamos hoy este poema como un breve homenaje a los muertos, torturados y desaparecidos durante esta época, así como para los ciudadanos comunes que tuvieron que sobrevivirla.

viernes, 5 de noviembre de 2010

El rescate de los mineros y la escenificación política como forma de ocultamiento

"Kunst ist Magie, befreit von der Lüge, Wahrheit zu sein." / (El arte es magia, libre de la mentira de ser verdad).
 Theodor Adorno



Escribo el siguiente artículo con el escrúpulo de ser uno más de los que llenan los medios hablando de los mineros de la Mina San José. Sin quererlo, sé que contribuyo al hastío de cada vez más personas que, como yo, se han visto atosigados por la proliferación de "noticias" al respecto. Por lo mismo es que escribo. Para hablar precisamente de eso y de los propósitos no tan ocultos de ello. Pues ya no basta con apagar el televisor o la radio. La noticia de los mineros estaba en el aire, en las conversaciones personales, en internet. Sólo un aislamiento antinatural podría habernos "salvado" de saber.


No cuestiono el hecho de preocuparse por el prójimo y de hacer lo posible por rescatarlos. Lo que está en entredicho en el tratamiento comunicacional y el uso político de esa catástrofe. Le escuché a Santiago Pavlovic que eso lo hubiera hecho cualquier gobierno. Pero eso no es excusa. No se puede dejar pasar el hecho sólo por que "los demás lo harían".

Lo que vimos fue una escenificación. Los mineros eran reales, el hoyo era real, la catástrofe era real. Pero todo era un simulacro de la realidad. Las cámaras, los gestos, los tiempos, el suspenso de los mensajes continuos y que no adelantaban nada. Por mucho vimos cómo los mineros se volvían héroes en desgracia que eran rescatados por otros héroes con poder.

La escenificación está cercano a lo artístico. Hay un diseño en la disposición de los elementos. Los adornos, los tiempos, la hipercobertura, están ahí para darnos una experiencia estética, de los sentidos. Creer de nuevo en que los milagros existen, sentirnos parte del heroísmo, que la vida es frágil, pero valiosa. Como escuché por ahí, el país estaba "unido en un solo corazón", pero, ante todo -y eso no hay que olvidarlo-, todo esto enmascara el hecho de que los mineros fueron víctimas. No soy el primero en decirlo y ojalá no sea el último. Ellos pasaron el peor momento de sus vidas por trabajar en una situación precaria. Regocijémonos con que todo salió bien, pero miremos debajo de la carpa. Démonos cuenta de que detrás de los "corazones arriba" y la felicidad envasada se quiere esconder lo verdadero, el gran peso de nuestra existencia como chilenos.


Walter Benjamin hablaba de la "estetización de la política" y que atribuía al totalitarismo fascista, acá lo vemos reducido a una herramienta neoliberal como producto de consumo. Todos vendieron. Los canales de televisión, los publicistas, el gobierno. El heroísmo fue la moneda de cambio con la que los poderosos explotaron esta mina de desamparados.



Créditos por las fotos:

http://www.cubadebate.cu
http://www.notiexpress.com.ar
http://noticias.aol.com

lunes, 26 de abril de 2010

Surrealismo frente a Realismo Socialista


Hubo un tiempo en el que los artistas y los intelectuales se desangraban entre sí en disputas ideológicas que iban más allá del buen gusto o la aceptación de tales o cuáles obras o tendencias. Tenían que ver nada menos que con el destino del arte y del tipo de humanidad a la que aspiraban. Antes y después de la II Guerra Mundial, entre grupos vanguardistas y el "arte tradicional", y después con mayor fuerza el arte "socialista" encarnado en el "realismo socialista" contra las otras dos tendencias englobadas por el estalinismo como "arte burgués".

Quizás en este momento "postmodernista" y supuestamente desideologizado, disputas como esta no le harán sentido por considerarlo tal vez periclitado. Sin embargo, es interesante analizar la lógica detrás de los discursos esgrimidos en la polémica, que explican en parte el camino que tomó posteriormente el arte actual.

Una aproximación a lo anterior es el libro Surrealismo frente a Realismo Socialista, que desde la portada intenta señalar las diferencias entre uno y otro grupo. Se trata de un texto que recopila fragmentos y artículos referente a esta polémica de André Bretón y Louis Aragon, algunos de los cuales se refieren directamente entre sí.

André Breton


Origen de la polémica: De la ilusión revolucionaria a la enemistad

Ciertas tendencias vanguardistas vieron reflejado su ideal de cambio social que intentaban a través del arte en la Revolución Rusa, entre ellas el Surrealismo. La revolución política podría acoger los intereses artísticos de quienes querían revolucionar la sociedad por medio del arte.

Pese a esta confluencia, con el tiempo este entusiasmo decayó. Posturas vanguardistas como el surrealismo fueron atacadas por la ortodoxia soviética, en especial cuando se instituyó al "realismo socialista" como el arte oficial del régimen, que entendía a aquellas posturas estéticas como parte de un arte burgués decadente y antirrevolucionario. Por su parte, el surrealismo atacó al estalinismo como autoritario y a su estética como una impostura.

La dogmatización de las posiciones estéticas produjo un terrible aunque interesante escenario: significó el quiebre de movimientos que en un principio estuvieron de acuerdo con el bolchevismo. Caso particular es el del surrealismo, en el que militaran André Breton y Louis Aragon, pese a que terminaron en polos opuestos en la polémica: Mientras Breton extremó el libertarismo en el arte y se acercó al perseguido Trotsky, Louis Aragon aceptó completamente los postulados estalinistas.

Louis Aragon

¿Qué es el "realismo socialista"?

El libro contiene algunos documentos imprescindibles para entender la polémica. Por ejemplo, se puede encontrar la definición de "realismo socialista", la que se da por sentado muchas veces en la discusión. En el artículo de Aragón "Paréntesis sobre los Premios Stalin" cita la definición dada por la Unión de Escritores Soviéticos:

"El realismo socialista, por ser el método de base a la literatura y de la crítica soviética, exige del artista una representación verídica, históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario. Además, el carácter verdadero e históricamente concreto de dicha representación artística de la realidad debe combinarse con el deber de transformación ideológica y de educación de las masas dentro del espíritu del socialismo."

Esto, que en una primera instancia parece ser una declaración de buenas intenciones, significó el inicio de una purga que escindió al surrealismo y a otros movimientos.


¿Debe el arte limitarse en pos de la revolución social?

Según André Breton, el arte debe ser totalmente libre y en este aspecto, existe una relación con el papel político. Hablando de Trotsky dice lo siguiente: "(...) colocándose en el único punto de vista correcto, en el punto de vista común al revolucionario y al artista que es el de la liberación humana."

En esta supuesta confluencia, la limitación que impone el estalinismo a la creación artística vuelve al realismo socialista una impostura que debe ser atacada:

"Con toda la fuerza con que, al referirnos a ejemplos ilustres del pasado, negábamos que el arte de una época pueda consistir en la pura y simple imitación de los aspectos que esta época reviste, rechazamos como erróneas la concepción del "realismo socialista" que pretende imponer al artista, excluyendo cualquier otra, la pintura de la miseria proletaria y de la lucha emprendida por el proletariado para su liberación. Por lo demás, esta última tesis está en contradicción flagrante con la enseñanza marxista: "Cuanto más ocultas permanecen las opiniones (políticas) del autor, escribía Engels en abril de 1888 a Miss Harkness, más valioso resulta ese hecho para la obra de arte". Negamos formalmente que se pueda hacer obra artística y ni siquiera, en último análisis, obra útil aplicándose a expresar solamente el contenido manifiesto de una época. Por el contrario, lo que el surrealismo se propone es la expresión de su contenido latente." (Límites no fronterizos del surrealismo)

Es así como no puede aceptarse la limitación de temas o medios, pese a la imposición política. Es particularmente interesante al respecto el siguiente pasaje:

"Naturalmente, reconocemos al Estado revolucionario el derecho de defenderse contra la reacción burguesa agresiva, incluso cuando se cubre con la bandera de la ciencia o del arte. Pero entre esas medidas impuestas y temporales de autodefensa revolucionaria y la pretensión de ejercer una dirección sobre la creación intelectual de la sociedad hay un abismo. Si bien, para el desarrollo de las fuerzas productivas materiales, la revolución se ve obligada a erigir un régimen socialista centralizado, para la creación intelectual debe establecer y asegurar desde el principio un regimen anarquista de libertad individual. Ninguna autoridad, ninguna imposición, ¡ni el menor asomo de mando!" (Por un arte revolucionario independiente)

El realismo socialista parece ser una simplificaciónIII Internacional. La bondad del ideario esconde el hecho de subestimar al público al que le está destinado este tipo de arte.

Louis Aragon intenta hacer una defensa de los postulados soviéticos, pero queda la sensación de que esa "profundidad" existe más bien en la crítica que en la práctica, pues él mismo acusa a ciertos "realistas socialistas" de "naturalismo" o "populismo", que son formas de degradación del realismo. Si bien se podría defender una posición como esa, esto esconde el hecho de que se mantiene el ataque a posiciones estéticas diversas a las postuladas por el partido. Y eso es lo importante del debate: la libertad de la creación.

Para respaldar dicha libertad, Breton sostiene sus posiciones estéticas desde el mismo marxismo, citando a los fundadores de dicho movimiento, como en el fragmento de Engels un poco más arriba, y al mismo Marx.

"En nuestros días, debemos recordar vigorosamente la idea que el joven Marx tenía sobre la función del escritor. Es claro que esa idea debe extenderse, en el plano artístico y científico, a las diferentes categorías de productores y de investigadores. "Naturalmente, dice, el escritor debe ganar dinero para poder vivir y escribir, pero en ningún caso debe vivir y escribir para ganar dinero... El escritor no considera en absoluto sus trabajos como un medio. Son fines en sí, son en tan poca medida un medio para él y para los demás que, en caso necesario, sacrifica su existencia a la de estos trabajos... La primera condición de la libertad de prensa consiste en no ser un oficio."" (Por un arte revolucionario independiente)

Creo que el error fundamental del "realismo socialista" (y lo señala también Breton) es la confusión entre medios y fines. Si bien su proyecto es transformar la realidad desde una ideología materialista, cree que la única forma de lograr una conciencia del estado de la sociedad es mediante un realismo. Y aunque Aragon se defienda en que la postura soviética es más profunda y que no hay que caer en estéticas falsarias como el populismo o el naturalismo, la verdad es que poco se hizo en ese tiempo por artistas que analizaron muy bien la sociedad burguesa de su tiempo, pero por medios estéticos más cercanos al "arte burgués", como Kafka.

Esa confusión entre medios y fines es señalada por Breton, y Aragón, aunque se hace cargo de la crítica, soslaya la situación y justifica al realismo socialista echando mano de la tradición rusa y su confluencia en el "arte soviético".


Conclusión

Aunque nos pareciera que esta disputa está muy lejos de las preocupaciones más actuales, es muy útil para prevenirnos de posturas que quizás en un futuro cercano puedan desarrollarse.

El arte es un péndulo y lo que ahora prevalece o, por lo menos se muestra cada vez más, es una estética de academia en donde la especialización es mayor, lo que ha provocado dos situaciones: la teorización extrema de la mano de la abstracción, y el consecuente alejamiento de las personas comunes. Esto podría desencadenar posturas polarizadas como las que desencadenaron el conflicto al que alude el libro.

Quizás los contextos han cambiado, pero en un mundo en el que la ideología parece ser que no hay ideologías, en que el arte es cuestionado por ser inútil en una sociedad basada en el mercado, en donde se nos ha dicho que después de Auschwitz no es posible la poesía, es bueno, por lo menos, cuestionarse sobre la función del arte como agente de cambio social, como portador de un mensaje, la profundidad de la relación entre fines y medios y, en última instancia, entre arte y política.


Ficha

Título: Surrealismo frente a Realismo Socialista
Autores: André Breton / Louis Aragon
Editoral: Tusquets Editor
Año: 1978