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martes, 8 de diciembre de 2020

Lovecraft y Lovecraft Country

 Miguel Acevedo


 

 

“Hay una grandeza melancólica y operística en la obra más apasionada de Lovecraft... curiosa poesía elegíaca de pérdida indecible, de desesperación adolescente y de una soledad existencial tan penetrante que perdura en la memoria del lector, como un sueño, mucho después de que los rudimentos de la trama lovecraftiana se hayan desvanecido”.

Joyce Carol Oates


La serie de HBO Lovecraft Country, creada por Jordan Peele y JJ Abrams, y basada en el libro de Matt Ruff, ha sido todo un éxito. La producción cuenta con una notable factura técnica, efectos especiales del más alto nivel y unos carismáticos protagonistas, donde destacan potentes personajes femeninos. La acción es trepidante y su alegato contra la segregación racial en los años cincuenta llega a ser conmovedora. Nada que no se pudiera esperar de Peele, el cerebro tras las impactantes películas de terror ¡Huye! y Nosotros.

Pero cabe preguntarse, pese a las constantes alusiones a Lovecraft, su cosmogonía literaria o a otros escritores de su círculo, como Clark Ashton Smith: ¿hay algo del terror cósmico del Soñador de Providence aquí? 


H. P. Lovecraft


Estamos frente a un caso muy particular: en esta serie televisiva, las alusiones a Lovecraft o a los Mitos de Cthulhu son explícitas, así como a otros elementos de la literatura fantástica y las revistas pulp de la primera mitad del siglo XX en los EE.UU. Pero las naves espaciales, los tentáculos del abismo y las criaturas de pesadilla más parecen una parafernalia (de la mejor calidad) para un agudo e inteligente discurso político y social antirracista, que al mismo tiempo carece del sentido de la maravilla de esas revistas y cuentos que asombraron y siguen asombrando a millones de lectores.

La prosa de HPL tiene, según mi punto de vista, tres grandes ejes literarios: sus narraciones oníricas del estilo del ciclo de Randolph Carter; los Mitos propiamente tales, el que sería su mayor aporte a la literatura de terror del siglo pasado; y esos cuentos extraños y macabros, una de cuyas cimas es "El grabado de la casa", con esa construcción perdida en la soledad de los bosques de Nueva Inglaterra habitada por un hombre ominoso. Cualquiera de esos ejes transmite una sensación de extrañamiento, de estar frente a algo profundamente ajeno y peligroso, que ni de cerca vemos en la mencionada serie de televisión. Lo que sí vemos son constantes afirmaciones del racismo intrínseco de Lovecraft, el que permearía irremediablemente su escritura.

Hace años que se viene desarrollando una verdadera ofensiva cultural (¿?) contra el autor norteamericano, la que se ha polarizado bastante en algunos momentos. Esta campaña para enviarlo al ostracismo cultural, o derechamente al olvido, no ha tomado tanta fuerza en Chile, donde cada vez más personas descubren y leen a Lovecraft. Pero en los EE.UU. ya lleva años. "El Abuelo", como le gustaba llamarse a sí mismo, no es el único blanco (literalmente) de esta ofensiva, a la que se ha sumado el ataque destemplado contra otros pilares de la ciencia ficción moderna, como John W. Campbell. Los argumentos de los censores son más o menos similares: eran hombres blancos racistas, exponentes de una posición cultural imperialista (esto último en el caso de Campbell). La valoración crítica de su obra, entendiendo por crítica "la función central de discriminar, sobre todo entre la buena escritura y la mala" (como señala S. T. Joshi) brilla por su total ausencia.

Jordan Peele

 

Peele ya ha mezclado la denuncia social con el cine de terror, por ejemplo en la tremenda cinta ¡Huye! (2017), donde combina el racismo de refinados círculos sociales de la clase ilustrada blanca, mitos urbanos y un humor negro absolutamente corrosivo. En Nosotros (2019) crea una verdadera mitología en base a algunas leyendas urbanas estadounidenses, presentándonos la epopeya terrorífica que tiene que vivir una familia negra (interpretada por Lupita Nyong'o y Winston Duke). Así que está clarísimo su talento para renovar el género, e incluir una agenda contra el racismo en su obra. Pero en Lovecraft Country esta mezcla no cuaja. Y si lo hace como producto audiovisual, es a costa de las raíces literarias que la serie afirma tener.


 

En producciones televisivas como la reciente The Third Day (miniserie de HBO), el misterio, las situaciones desconcertantes y el franco terror son, en algunos momentos, demoledores. The Third Day es notable en ese aspecto, una serie dramática muy cercana al llamado Folk Horror. Aquí la sensación de desintegración de lo racional y de erosión de la propia realidad alcanza hitos que son difíciles de olvidar. Nos recuerda esa función inquietante del relato de terror, que debería estar en el centro mismo de su propuesta. En fin, es un género que nos habla de la fragilidad de la vida y de la maravilla cósmica que podemos encontrar en los bordes de las ciudades; en ese pueblito de místicos de la serie protagonizada por Jude Law y Naomie Harris, o en los párrafos de algún cuento del visionario Arthur Machen.


 

No voy a esquivar el bulto en un aspecto central de la valoración de HPL: su racismo. Lovecraft fue un racista declarado, que exponía sus desagradables puntos de vista en privado a sus amigos, personales o epistolares, o en publicaciones amateurs como su militante periódico The Conservative. Escribió versos que dan vergüenza ajena como el ya tan citado (incluso por Amnistía Internacional) "On the Creation of Nigger", poema de juventud. En un relato del demencial doctor "Herbert West, reanimador" hay una descripción racista espantosa de un hombre negro. Pero él nunca, nunca, insultó a un negro en la calle, jamás militó en ninguna organización política racista ni en ninguna célula filonazi, y admiraba profundamente el apego de los judíos jasídicos del Lower East Side de Nueva York, a su herencia religiosa y cultural. Se casó con Sonia Greene, judía descendiente de inmigrantes ucranianos. No, no solo se relacionaba con blancos, como nos repiten como loros sin argumentos los buenos pensantes de hoy, con lo que nos demuestran su ignorancia supina sobre el autor norteamericano. Esos que atacan a Lovecraft desde la prensa mainstream, como The New York Times o Esquire, llamándonos a tener cuidado con una obra que al parecer contagiaría el racismo.

Lovecraft y su esposa Sonia Greene (1921)

 

Es peligroso darle por decreto funciones normativas a la literatura y al arte en general, los totalitarismos y varias dictaduras de pacotilla lo han intentado una y otra vez. Pero en EE.UU., país que nunca ha tenido un régimen dictatorial, son cíclicos los intentos de censurar, alimentar hogueras (con libros y cómics), y perseguir a autores y artistas. El tema cambia cada ciertos años (denunciarlos por ser homosexuales, por comunistas, etc.), pero la rueda de la caza de brujas vuelve a girar. Y el prejuicio reemplaza a la función crítica y al debate racional. Hoy estamos en esa fase, y por imitación algunos por estos lares ya denuncian al Profeta de Providence. Aquí la función de la crítica artística de izquierda es penosa, como ha sido su tradición en Chile. Antes Poe y Lovecraft eran, por ejemplo, autores que alimentaban la evasión, indignos de tomarse en serio. Hoy HPL es racista e imperialista de seguro (esto último solo por ser norteamericano). Que al final de su vida haya abandonado sus convicciones chauvinistas y se haya vuelto un socialista moderado, no es un dato de la causa para los creadores de decálogos de conducta y listas de obras prohibidas. Porque hoy la honestidad intelectual no es relevante para algunos.

 

H.P. Lovecraft (1930)

Volviendo a la serie que nos convoca: no basta con ponerle el nombre de Lovecraft a tu producto de consumo visual, o que aparezcan tentáculos y monstruos generados por efectos CGI para que la maravilla de Cthulhu y Yog-Sothoth emerja en la pantalla. El horror cósmico, el cosmicismo lovecraftiano no es algo tan superficial. Pero quizás gracias al éxito de esta serie de TV, veamos luego una adaptación de esa esencia que le haga justicia, en la televisión, el streaming o la gran pantalla. Y que tenga la valentía de jugársela por su tema y enfrentar a los declamadores que hoy, una vez más, enarbolan la bandera de la censura punitiva.


En ese sentido, la película Color Out of Space (2019), de la productora SpectreVision, a pesar de las sobreactuaciones y las payasadas de Nicolas Cage, acierta mucho más en adaptar los terrores sin nombre, graficando con algunas escenas realmente notables esta ficción especulativa sobre la demencia cayendo del espacio y condenando a la nada a la familia Gardner, en una zona rural de Arkham, donde se levantan antiguas granjas en medio de los bosques y cerca de las montañas.

 

 

Créditos de las imágenes: Wikipedia

lunes, 15 de octubre de 2018

La crítica lovecraftiana moderna


Miguel Acevedo


Portada de la revista Weird Tales (marzo de 1942) con textos de H. P. Lovecraft




Tras la muerte de Lovecraft en 1937, la revista Weird Tales siguió publicando cuentos de su autoría casi en cada número, reeditando relatos ya publicados o imprimiendo narraciones previamente rechazadas. En 1939 se levantó Arkham House y comenzó la publicación de las obras de Howard Phillips Lovecraft en libros de bella factura. Y también se dio inicio a un intento de sistematización de los Mitos de Cthulhu, por parte de August Derleth, quien hasta se dio el gusto de ver aparecer su nombre junto al de su querido amigo, al editar trabajos en “colaboración” entre él y Lovecraft, pero que en rigor eran escritos sólo de Derleth. También surgieron otros estudiosos de la obra del Extraño de Providence, como Fritz Leiber o Lin Carter (autor de H. P. Lovecraft: The Gods, por ejemplo).

August Derleth


Fue Derleth que acuñó el concepto de “Mitos de Cthulhu”. En vida, Lovecraft se refería a ese ciclo de sus relatos como la “Yog-Sothothería” o “cthulhuismo”. August Derleth dividió el panteón lovecraftiano entre unas criaturas malignas y otras benignas, además de otras especies extraterrestres como la gran raza de Yith (que aparece en el magnífico relato “La sombra fuera del tiempo”). En el bando de las fuerzas del Mal estaban los Grandes Antiguos o Primigenios, como Cthulhu, Yog-Sothoth, Azathot o Nyarlathotep. En el bando de las fuerzas del Bien, que mantenían encerrados o desterrados a los Antiguos, estaban los Dioses Arquetípicos, creados por Derleth. Lin Carter sigue esta división y trata de establecer una clasificación un poco más rigurosa de los seres que aparecen en los relatos de Lovecraft y de otros miembros del Círculo, tratando de arrojar luz entre la oscuridad y el caos del terror cósmico. Autores posteriores que se acercaron a los Mitos, como el inglés Brian Lumley, también se adscribieron a este esquema, digamos, maniqueo.

 
Esbozo de Cthulhu hecho por H. P. Lovecraft (1934)
 
Es en los años 70 cuando aparece el fundador de lo que Robert M. Price llama la “crítica lovecraftiana moderna”: Dirk Mosig, nacido en Alemania y luego nacionalizado estadounidense. En su trabajo fundacional, el ensayo “H.P. Lovecraft: Myth Maker” (1976), rechaza la tesis de Derleth y establece que los cuentos de HPL de los Mitos, corresponden a una visión amoral y nihilista, donde la raza humana es apenas unos granos de arena en el espacio inconmensurable, y las potencias casi eternas como Cthulhu son totalmente indiferentes al hombre y su destino. Mosig escribió y estudió sistemáticamente la obra del Profeta de Nueva Inglaterra. Podemos mencionar sus ensayos H. P. Lovecraft, poeta de lo inconsciente y El gran americano despreciado, traducidos al español. El primero apareció en la mítica revista argentina de ciencia ficción y fantasía El Péndulo, número 1, en 1979. Tras Mosig ascendieron las figuras de Robert M. Price y S. T. Joshi.

Dirk W. Mosig en 1978



Price es un personaje muy llamativo. Teólogo, especialista en el Nuevo Testamento, escritor y profesor, se ha autodefinido como “escéptico religioso” y “ateo cristiano”. Es el autor del mítico fanzine Crypt of Cthulhu, que comenzó a editarse en el año 1981. Price ha escrito ensayos, cuentos y ha editado varios libros lovecraftianos, siendo una de la voces más autorizadas sobre la obra de HPL. Según S. T. Joshi, “Desde la década de 1980 Robert M. Price ha sido una especie de August Derleth revivido, con la publicación de una docena o más de antologías de cuentos de Cthulhu por los escritores antiguos y nuevos.”
 
Estamos hablando de libros y antologías de Price, editadas por Chaosium; títulos como La Saga de Hastur, La Saga de Cthulhu, El Necronomicón, El Ciclo de Dunwich, The New Lovecraft Circle, por nombrar algunos. No podemos dejar de señalar que el sello Chaosium es el creador del juego de rol La Llamada de Cthulhu y de Mythos, juego de cartas coleccionable también sobre los universos creados por Lovecraft y otros escritores. Todo este espacio de las cartas y los juegos de rol han atraído a nuevos lectores a los altares del terror cósmico en los países anglosajones, pero también en los de habla hispana, ya que varios de estos libros y juegos han sido traducidos al español.

Robert M. Price


Volviendo a Price, para hacer sus antologías buceó en viejas ediciones de revistas pulp como la Weird Tales, en fanzines y toda clase de publicaciones, para rescatar antiguas joyas y nuevas voces de la ficción extraña, autores como los ya clásicos Derleth, Ashton Smith, Robert E. Howard, el propio Lovecraft, o algunos de sus inspiradores como Arthur Machen y Dunsany. Y también a otros escritores, como Alan Dean Foster, Will Murray, Richard Lupoff, John Brunner o el llamativo y provocador artista W. H. Pugmire, que se reivindica como punk homosexual. Price también cultiva fecundamente la narrativa fantástica.

Pero si estamos hablando de los nuevos estudios de la vida y los trabajos del Soñador de Providence, el mayor experto mundial de su obra es S. T. Joshi, a quién Price le dedicó la antología La Saga de Cthulhu, nada menos que con estas palabras: “amigo y colega, reencarnación de H. P. Lovecraft”.

 
S. T. Joshi


Extracto del artículo publicado en el libro “Los Altares de la Locura. Homenaje a Lovecraft”, editado por GatoJurel ediciones, 2017.


Contacto con el autor: mfkarlos@gmail.com


Créditos:
Todas las imágenes han sido sacadas de Wikipedia y no poseen derechos de autor.

lunes, 3 de abril de 2017

Otra vez, el mainstream contra Lovecraft

A 80 años de la muerte de HPL 

Miguel Acevedo


Howard Phillips Lovecraft (1890 – 1937)




“… aún no he leído nada de Lovecraft, pero tengo ganas… Según he leído todos los malos son negros en sus obras o todos los negros son malignos…”
Comentario publicado en algún lugar de internet

“Escribiendo poesía en el país de los imbéciles.”
Bolaño

“Yo soy Lovecraft.”
Sergio Meier




Cada vez más en el mundo anglosajón, se extiende la influencia de la figura y la obra del escritor de ficción extraña Howard Phillips Lovecraft (1890-1937). Desde las más prestigiosas colecciones de los clásicos literarios, como la Library of America en Estados Unidos, hasta los comics, los juegos de rol y de cartas, sin olvidar su influencia más difusa en el cine. Los terrores cósmicos de Los Mitos de Cthulhu tienen un lugar indiscutido en la literatura universal. En los países de habla hispana, hay que destacar los dos voluminosos y maravillosos tomos de su “Narrativa Completa” de editorial Valdemar (2005) a cargo de Juan Antonio Molina Foix. No hay antología de relatos fantásticos, de terror o ciencia ficción que se precie de tal, que no incluya algún trabajo de H. P. Lovecraft, como por ejemplo la monumental “Antología Universal del relato fantástico” (Atalanta, 2014) de Jacobo Siruela. En nuestro país, incluso Lom ediciones ha editado su cuento capital “El color que cayó del cielo”.

Edición de la Library of America



Obra reciente de Alan Moore
 
                                                                                                 
Hace pocos días atrás, en la revista “The New Yorker” se publicó el artículo “The complicated friendship of H. P. Lovecraft and Robert Barlow, one of hiss biggest fans”, escrito por Paul La Farge, autor de la novela “The night ocean”, la que toma su título de un cuento escrito en colaboración por Lovecraft y Barlow. En el mencionado artículo, La Farge retoma viejos rumores sobre la supuesta homosexualidad de Lovecraft, que se habría expresado en una hipotética relación amorosa de él con el joven Barlow. Además, se lanzan de pasada ataques contra August Derleth y Donald Wandrei, al señalar que “extendieron los rumores de que Barlow había robado libros de la biblioteca de Lovecraft. La comunidad de la ficción extraña era pequeña en aquellos días, y se corrió la voz rápidamente”.




El asunto de la muerte de Lovecraft y los penosos hechos que protagonizó en esos dolorosos días Barlow, y el imprescindible papel de Derleth y Wandrei, los fundadores de Arkham House, en publicar libros recopilatorios de Lovecraft y preservar su obra del olvido, está rigurosamente documentado en los ensayos incluidos en la antología de Peter Ruber “Maestros del Horror de Arkham House” (Valdemar, 2003). No olvidemos eso sí que Barlow posteriormente entregó los manuscritos originales de HPL que tenía, a la Brown University.

Pero a fin de cuentas, estos viejos rumores a la pasada son sólo detalles. Desde el establishment cultural y literario, en los últimos años ha habido ataques frontales contra Lovecraft, como si algunos se pusieran muy nerviosos con su creciente reconocimiento. Cualquiera que conozca su biografia, sabe de sus opiniones racistas y xenófobas contra la población negra y los inmigrantes, expresadas por ejemplo en cartas privadas a sus amigos, o en algunos escritos publicados en la prensa amateur norteamericana. Esto ha llevado a algunas declaraciones caricaturescas, como cuando un Matt Burriesci nos afirma que a Lovecraft le desagradaba cualquiera que no fuera "blanco y protestante de Nueva Inglaterra"(cita tomada del interesante artículo publicado en el diario La Tercera, “El morador de Providence”). ¿Acaso este estudioso ignora que tuvo un corto matrimonio con Sonia Greene, inmigrante judía ucraniana? No olvidemos tampoco que Lovecraft hizo una autocrítica de su racismo y su derechismo, hacia el final de su vida, cuando abrazó ideas socialistas moderadas.

Lovecraft y Greene

El asunto más polémico fue el debate al interior de la Convención Mundial de Fantasía, para cambiar la estatuilla del Premio World Fantasy Award (WFA),  que era una figura del busto de HPL, hecha en los años 70 por el artista Gahan Wilson. El tema partió el 2011, cuando una de las ganadoras del Premio de ese año (en la categoría a la mejor novela), la afroamericana Nnedi Okorafor, expresó públicamente su incomodidad con el hecho de que el mayor reconocimiento que había recibido, era la imagen de un autor “racista”.  Los impulsores de la campaña para cambiar la estatuilla fueron los escritores Daniel José Older, China Miéville y Ellen Datlow. Older publicó el año 2014 una petición de remoción en change.org, y Mieville, que ha dado charlas sobre el Profeta de Providence, lanzó argumentos contra el “horrible racismo intrínseco” de Lovecraft, con razonamientos efectistas como “su obra misma, está inspirada por y profundamente estructurada en el odio racial”, tomando como autoridad intelectual a Michel Houellebecq, payaso del espectáculo que muchos levantan como un ícono (el racismo de Lovecraft es condenable, pero al parecer la fobia contra los musulmanes de Houellebecq es de lo más cool).




La defensa de la obra y la imagen de Lovecraft fue llevada adelante con pasión por S. T. Joshi, uno de los más grandes expertos mundiales en el autor de Providence. Joshi argumentó, por ejemplo, “el estatus de Lovecraft en la ficción extraña, en la literatura americana, y en la literatura mundial está ahora tan seguro que los intentos de negarlo o denigrarlo se limitan a los maniáticos y los ignorantes”. Finalmente, y sin ninguna explicación de los motivos, el 2015 el busto de Lovecraft dejó de ser la imagen del WFA. Joshi, coherente con sus principios, rompió públicamente con la Convención Mundial en una sentida carta, donde señala que  estaba “profundamente decepcionado con la decisión de la Convención Mundial de Fantasía de retirar el busto de H.P. Lovecraft como emblema del World Fantasy Award. La decisión me parece una cobarde concesión a la peor clase de corrección política y una aceptación explícita de las crudas, ignorantes y tendenciosas calumnias contra Lovecraft propagadas por una pequeña pero ruidosa banda de agitadores. Siento que no me queda más remedio que devolver mis dos World Fantasy Award, ya que ahora me parecen irremediablemente contaminados. Por favor, considérelos cerrados. Usted puede disponer de ellos como mejor le parezca. Por favor, asegúrese de que no estoy nominado para ningún futuro WFA. No voy a aceptar el premio si se me llegara a otorgar. No volveré a asistir nunca a otra Convención Mundial de Fantasía en lo que me quede de vida. Y voy a hacer todo  lo que esté en mi mano para instar a un boicot de la Convención entre mis muchos amigos y colegas.”

Los inquisidores de los muertos se llevaron la victoria.


Joshi

Joshi, que jamás ha negado el racismo de Lovecraft, no es un blanco protestante. Nacido en la India, fue incluso tratado de derechista por defender decididamente a Lovecraft, cuando es de público conocimiento que es un hombre de izquierda. Estos son tiempos duros para la honestidad intelectual.

En los años 50, cuando los relatos de Lovecraft adquirían popularidad, el prestigio póstumo del autor fue amenazado por las sospechas de su homosexualidad. Cuantos de los autores que hoy lo atacan y censuran su obra, se espantarían si se utilizara como argumento contra un artista su condición sexual. Pero como dijo el escritor norteamericano Jason V Brock, “queda claro que la ironía no es para los graves”.

China Mieville, Older, Houellebecq… ¿Quién se acordará de estos escritores en varias décadas más? Imposible saberlo, toda escritura debe enfrentar el paso del tiempo. Sólo tengo claro que la oscura luz de Lovecraft seguirá presente, escapando desde los agujeros negros. Hoy, al cumplirse ochenta años de su muerte, sigue inspirando a nuevas generaciones de lectores y escritores.

Laura Miller, que escribió un destructivo artículo en la página web Salon.com, titulado condescendientemente “It’s OK to admit that H.P. Lovecraft was racist”, nos asegura que nadie está llamando a no leer a Lovecraft. ¡No faltaba más! En los años 80 nunca le hice caso a la censura pinochetista sobre que libros leer o no leer. Y hoy menos que nunca obedeceré a los censores y voceros de los “espacios seguros”, que no quieren confrontar con ideas incómodas y visiones revulsivas.

HPL, cuando te canonicen y luego te vuelvan a purgar de los altares del mainstream, cuando ardan tus libros en la hoguera, yo seguiré aquí, leyéndote.




Nota aclaratoria: para conocer la vida y obra de Lovecraft, es imprescindible el libro “Lovecraft. Una biografía” de L. Sprague de Camp (Valdemar, 2002). S. T. Joshi publicó el año 1996 “H. P. Lovecraft: A Life”, no traducida aún al castellano. Para Molina Foix, esta es su “más fiable biografía”.







Miguel Acevedo

Amante de la lectura, este escritor comienza a plasmar su talento en los años 80, escribiendo poemas y relatos breves, la mayoría de ellos inéditos. Activo colaborador en fanzines, ediciones fotocopiadas, en la universidad, con textos anónimos y versos sueltos. Se tituló como profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica en el Ex Pedagógico en el año 2003. Desde el 2011 es autor del blog Le dicen poesía, colaborando también en el blog Bblogzine segunda época con sus cuentos, poemas, críticas y crónicas. Gracias a GatoJurelEdiciones ha publicado el libro "Cartelera de Cine", y junto a Paz Correa, "Espejos".