domingo, 25 de abril de 2010

Surrealismo frente a Realismo Socialista


Hubo un tiempo en el que los artistas y los intelectuales se desangraban entre sí en disputas ideológicas que iban más allá del buen gusto o la aceptación de tales o cuáles obras o tendencias. Tenían que ver nada menos que con el destino del arte y del tipo de humanidad a la que aspiraban. Antes y después de la II Guerra Mundial, entre grupos vanguardistas y el "arte tradicional", y después con mayor fuerza el arte "socialista" encarnado en el "realismo socialista" contra las otras dos tendencias englobadas por el estalinismo como "arte burgués".

Quizás en este momento "postmodernista" y supuestamente desideologizado, disputas como esta no le harán sentido por considerarlo tal vez periclitado. Sin embargo, es interesante analizar la lógica detrás de los discursos esgrimidos en la polémica, que explican en parte el camino que tomó posteriormente el arte actual.

Una aproximación a lo anterior es el libro Surrealismo frente a Realismo Socialista, que desde la portada intenta señalar las diferencias entre uno y otro grupo. Se trata de un texto que recopila fragmentos y artículos referente a esta polémica de André Bretón y Louis Aragon, algunos de los cuales se refieren directamente entre sí.

André Breton


Origen de la polémica: De la ilusión revolucionaria a la enemistad

Ciertas tendencias vanguardistas vieron reflejado su ideal de cambio social que intentaban a través del arte en la Revolución Rusa, entre ellas el Surrealismo. La revolución política podría acoger los intereses artísticos de quienes querían revolucionar la sociedad por medio del arte.

Pese a esta confluencia, con el tiempo este entusiasmo decayó. Posturas vanguardistas como el surrealismo fueron atacadas por la ortodoxia soviética, en especial cuando se instituyó al "realismo socialista" como el arte oficial del régimen, que entendía a aquellas posturas estéticas como parte de un arte burgués decadente y antirrevolucionario. Por su parte, el surrealismo atacó al estalinismo como autoritario y a su estética como una impostura.

La dogmatización de las posiciones estéticas produjo un terrible aunque interesante escenario: significó el quiebre de movimientos que en un principio estuvieron de acuerdo con el bolchevismo. Caso particular es el del surrealismo, en el que militaran André Breton y Louis Aragon, pese a que terminaron en polos opuestos en la polémica: Mientras Breton extremó el libertarismo en el arte y se acercó al perseguido Trotsky, Louis Aragon aceptó completamente los postulados estalinistas.

Louis Aragon

¿Qué es el "realismo socialista"?

El libro contiene algunos documentos imprescindibles para entender la polémica. Por ejemplo, se puede encontrar la definición de "realismo socialista", la que se da por sentado muchas veces en la discusión. En el artículo de Aragón "Paréntesis sobre los Premios Stalin" cita la definición dada por la Unión de Escritores Soviéticos:

"El realismo socialista, por ser el método de base a la literatura y de la crítica soviética, exige del artista una representación verídica, históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario. Además, el carácter verdadero e históricamente concreto de dicha representación artística de la realidad debe combinarse con el deber de transformación ideológica y de educación de las masas dentro del espíritu del socialismo."

Esto, que en una primera instancia parece ser una declaración de buenas intenciones, significó el inicio de una purga que escindió al surrealismo y a otros movimientos.


¿Debe el arte limitarse en pos de la revolución social?

Según André Breton, el arte debe ser totalmente libre y en este aspecto, existe una relación con el papel político. Hablando de Trotsky dice lo siguiente: "(...) colocándose en el único punto de vista correcto, en el punto de vista común al revolucionario y al artista que es el de la liberación humana."

En esta supuesta confluencia, la limitación que impone el estalinismo a la creación artística vuelve al realismo socialista una impostura que debe ser atacada:

"Con toda la fuerza con que, al referirnos a ejemplos ilustres del pasado, negábamos que el arte de una época pueda consistir en la pura y simple imitación de los aspectos que esta época reviste, rechazamos como erróneas la concepción del "realismo socialista" que pretende imponer al artista, excluyendo cualquier otra, la pintura de la miseria proletaria y de la lucha emprendida por el proletariado para su liberación. Por lo demás, esta última tesis está en contradicción flagrante con la enseñanza marxista: "Cuanto más ocultas permanecen las opiniones (políticas) del autor, escribía Engels en abril de 1888 a Miss Harkness, más valioso resulta ese hecho para la obra de arte". Negamos formalmente que se pueda hacer obra artística y ni siquiera, en último análisis, obra útil aplicándose a expresar solamente el contenido manifiesto de una época. Por el contrario, lo que el surrealismo se propone es la expresión de su contenido latente." (Límites no fronterizos del surrealismo)

Es así como no puede aceptarse la limitación de temas o medios, pese a la imposición política. Es particularmente interesante al respecto el siguiente pasaje:

"Naturalmente, reconocemos al Estado revolucionario el derecho de defenderse contra la reacción burguesa agresiva, incluso cuando se cubre con la bandera de la ciencia o del arte. Pero entre esas medidas impuestas y temporales de autodefensa revolucionaria y la pretensión de ejercer una dirección sobre la creación intelectual de la sociedad hay un abismo. Si bien, para el desarrollo de las fuerzas productivas materiales, la revolución se ve obligada a erigir un régimen socialista centralizado, para la creación intelectual debe establecer y asegurar desde el principio un regimen anarquista de libertad individual. Ninguna autoridad, ninguna imposición, ¡ni el menor asomo de mando!" (Por un arte revolucionario independiente)

El realismo socialista parece ser una simplificaciónIII Internacional. La bondad del ideario esconde el hecho de subestimar al público al que le está destinado este tipo de arte.

Louis Aragon intenta hacer una defensa de los postulados soviéticos, pero queda la sensación de que esa darles una profundidad que "profundidad" existe más bien en la crítica que en la práctica, pues él mismo acusa a ciertos "realistas socialistas" de "naturalismo" o "populismo", que son formas de degradación del realismo. Si bien se podría defender una posición como esa, esto esconde el hecho de que se mantiene el ataque a posiciones estéticas diversas a las postuladas por el partido. Y eso es lo importante del debate: la libertad de la creación.

Para respaldar dicha libertad, Breton sostiene sus posiciones estéticas desde el mismo marxismo, citando a los fundadores de dicho movimiento, como en el fragmento de Engels un poco más arriba, y al mismo Marx.

"En nuestros días, debemos recordar vigorosamente la idea que el joven Marx tenía sobre la función del escritor. Es claro que esa idea debe extenderse, en el plano artístico y científico, a las diferentes categorías de productores y de investigadores. "Naturalmente, dice, el escritor debe ganar dinero para poder vivir y escribir, pero en ningún caso debe vivir y escribir para ganar dinero... El escritor no considera en absoluto sus trabajos como un medio. Son fines en sí, son en tan poca medida un medio para él y para los demás que, en caso necesario, sacrifica su existencia a la de estos trabajos... La primera condición de la libertad de prensa consiste en no ser un oficio."" (Por un arte revolucionario independiente)

Creo que el error fundamental del "realismo socialista" (y lo señala también Breton) es la confusión entre medios y fines. Si bien su proyecto es transformar la realidad desde una ideología materialista, cree que la única forma de lograr una conciencia del estado de la sociedad es mediante un realismo. Y aunque Aragon se defienda en que la postura soviética es más profunda y que no hay que caer en estéticas falsarias como el populismo o el naturalismo, la verdad es que poco se hizo en ese tiempo por artistas que analizaron muy bien la sociedad burguesa de su tiempo, pero por medios estéticos más cercanos al "arte burgués", como Kafka.

Esa confusión entre medios y fines es señalada por Breton, y Aragón, aunque se hace cargo de la crítica, soslaya la situación y justifica al realismo socialista echando mano de la tradición rusa y su confluencia en el "arte soviético".


Conclusión

Aunque nos pareciera que esta disputa está muy lejos de las preocupaciones más actuales, es muy útil para prevenirnos de posturas que quizás en un futuro cercano puedan desarrollarse.

El arte es un péndulo y lo que ahora prevalece o, por lo menos se muestra cada vez más, es una estética de academia en donde la especialización es mayor, lo que ha provocado dos situaciones: la teorización extrema de la mano de la abstracción, y el consecuente alejamiento de las personas comunes. Esto podría desencadenar posturas polarizadas como las que desencadenaron el conflicto al que alude el libro.

Quizás los contextos han cambiado, pero en un mundo en el que la ideología parece ser que no hay ideologías, en que el arte es cuestionado por ser inútil en una sociedad basada en el mercado, en donde se nos ha dicho que después de Auschwitz no es posible la poesía, es bueno, por lo menos, cuestionarse sobre la función del arte como agente de cambio social, como portador de un mensaje, la profundidad de la relación entre fines y medios y, en última instancia, entre arte y política.


Ficha

Título: Surrealismo frente a Realismo Socialista
Autores: André Breton / Louis Aragon
Editoral: Tusquets Editor
Año: 1978

1 comentario:

Gonerril dijo...

Muy interesante la cuestión que plantea una diferencia entre medios y fines, y el trabajo del escritor como un fin en sí mismo. Pareciera ser una nueva variante a aquella vieja fórmula retórica, en la cual se intenta refutar una idea planteando que el fin perseguido por dicha idea es en verdad un medio y no un fin en sí mismo. De modo que, si es tan sólo un medio para alcanzar un fin, el medio puede ser suplantado por otro que garantice un mejor logro del supuesto fin (esta estrategia aparece ya en la Retórica de Aristóteles). La novedad surrealista, en el plano de la argumentación, pareciera ser la inversión de dicha fórmula, es decir presentar el medio como fin (en vez del fin por el medio), el arte no es el medio para afianzar una idea, es un fin en sí mismo. Muy interesante. Gracias Rene.