jueves, 5 de agosto de 2010

Breve homenaje a Rodolfo Rojo

Rodolfo Rojo junto a su esposa en el lanzamiento de su libro "Poemas y Poetas clásicos ingleses"


Probablemente no mucha gente conozca a Rodolfo Rojo y, por lo mismo, estas palabras se hacen necesarias.

Don Rodolfo ha muerto. No sé cuándo pasó ni tampoco las circunstancias. Sólo sé qe ya no podrá hablar de poesía con nosotros, aunque quizás ahora tal vez lo haga con su admirado John Donne.

A él lo conocí en la Universidad de Chile en un curso sobre Poesía Inglesa en la que era un experto profesor. Amablemente y con mucha simpatía nos hablaba sobre los poetas anglosajones como si fueran viejos amigos. Don Rodolfo no veía en las letras un campo de batalla en la que en vez de ideas pelearan los egos, sino una manera de vivir. Sin aspavientos, ni exigiendo reconocimientos debidos, se dedicó a comunicarnos esas viejas palabras que en él adquirían nueva vida. Siempre abierto a la discusión, todos nosotros y también él aprendíamos de sus clases. Y aunque muy admirador de sus ciertos autores, no tenía reparo en cortas las cabezas de quien fuese en sus comentarios, pese a que pudiese ser una luminaria académica o poética o lo que fuese, porque le era fiel a su mirada y a lo que consideraba verdadero.


Hace unos años publicó un libro llamado Poemas y Poetas Clásicos Ingleses, que era una especie de compendio final de su trabajo como investigador y más bien de su vida como lector. Muchas veces compartió con nosotros, dentro y fuera de la sala, sus distintas traducciones posibles a esos textos tan admirados por él que, por lo mismo, debían mantener su encanto original en una lengua en la que nunca fueron pensados. Humildemente, a veces nos pedía nuestra opinión y también la aceptaba. Pronto supimos que tanta dedicación se debía a la pronta publicación de este trabajo y entendimos también de su importancia. Yo lo tengo en mi poder y lamento no haberle pedido que me lo firmara en su momento, ocupado como estaba en autografiar su texto a otras personas en su lanzamiento. Cansado como estaba, no era bueno exigirle tanto y el haber compartido con él, ya es suficiente pago.

Don Rodolfo sabía que la vida se le iba y nos lo decía. Estaba apurado por vivir, pero tranquilo. Este libro le dio sentido a gran parte de su vida. El mejor homenaje: leerlo.