lunes, 17 de junio de 2013

"Del Dinero" (Fragmento de "Manuscrito Cuervo) seguido del "Prólogo"



 Max Aub


Portada de Manuscrito Cuervo


Nadie puede entender a los hombres sin penetrar en el gran misterio del dinero y de la teoría de los valores. Hay que reconocer, sin ambages, que es invento notabilísimo y que, aunque sólo fuera por él, valdría la pena abordar el estudio de esta especie, tan venda a menos.

El hecho es que, llevado por su insuficiencia manifiesta, el hombre dejó de pronto –hace miles de años– de estimarse por lo que era –lo que era en sí, verdaderamente– para pensar en lo que valía. Esta torcedura, este esguince, le llevó de la mano a inventar un signo para determinar aproximadamente ese valor. Así se vio, de pronto, que cada cual fue catalogado según la estimación de sus jefes: –Tú vales tanto. Tú vales cuanto. Tú no vales nada. Tú vales mucho.

A la unidad se le llamó dinero. Debido a la diversidad de las lenguas, ese modelo llevó nombres distintos todos ellos hermosos: onza, ducado, doblón, florín, real, maravedí, escudo, peso, sol, dólar, águila, etc. Como se puede ver, todo el mundo está representado, en esta enumeración: pájaros, flores, tierras, astros. No podía ser de otra manera: con esta sencilla conversión a todo se le ponía precio. Los metales más brillantes fueron consagrados para representar ese ideal, acuñados su valor dependió de su peso, por trasmutación, esas monedas perdieron el valor de lo que representaban para convertirse en valores intrínsecos, y los hombres no valieron por lo que eran sino por lo que atesoraban.

Esa progresión sin remedio lleva a la humanidad hacia un fin mejor: el día en que todos los metales estén en manos de una sola persona o nación acabarán las discusiones onerosas que tanto han contribuido a la degeneración de la especie, ya que los hombres, una vez inventado el dinero,1 se han pasado la vida disputándoselo, matándose por poseerlo. Cuando no se atrevieron directamente al crimen recurrieron a la gracia del trabajo remunerado. Así se inventó la esclavitud. Contra ella se alzó una tribu –que habla esperanto– llamada de Los Anarquistas, sin mayor resultado. Ahora otros2 han emprendido una nueva cruzada contra el dinero. Lo prueba este mismo campo de concentración3 en el que escribo.

Se han reunido aquí para intentar trabajar sin ser pagados. De los resultados del procedimiento todavía es demasiado pronto para sacar consecuencias. Sin embargo, a pesar de la excelencia de los propósitos, veo que los hombres enflaquecen, se apergaminan, aunque tal vez ese chuparse para adentro sea sólo la exteriorización de una mayor espiritualidad. Como no parecen tampoco muy satisfechos, o alegres –aunque la risa sea manifestación inferior–, he oído decir que en Alemania ya existen campos de esta misma índole –y con el mismo fin– donde se lee, en la entrada: «El trabajo por la alegría». Es decir, que los hombres están intentando cambiar monedas por sonrisas. No respondo de ello y habrá de verificarse. (A transmitir al profesor A ZI-40, en la Selva Negra.)

Inventóse, más tarde, el billete de banco, o papel moneda (al que hago referencia en otro lugar)- No he logrado saber por qué los impresos en inglés valen más que los otros. Pero es un hecho. Un hombre forrado de dólares (especie que no he conseguido ver) vale lo que pesa, y aun más.4

Este otra sub-especie humana, de la que no tengo noticias exactas: los monederos falsos. He visto algunas de esas monedas llamadas falsas, hechas por ese grupo. A mi juicio no se diferencias en nada de las demás. Trátanos los banqueros como criminales y los odian, igual que los comunistas a los trotskistas, o los socialistas de Prieto a los de Negrín y viceversa. Complicaciones que procuraré explicar más adelante.5


NOTAS

1 No quiero entrar en el misterio de la moneda, el capital, los intereses, la bolsa, etc. –ya que cada uno de estos conceptos merece un estudio aparte–. Espero que estas breves líneas despierten el interés de algunos cuervos estudiosos, y pronto podamos contar con buenas monografías acerca de ello.
2 Su gran libro El capital que, contra lo que el título hace suponer, va todo él dirigido contra lo que anuncia- Nadie entiende a los hombres.
3 Concentración, es decir, lo más aquilatado, la médula, lo más enjundioso.
4 Para saber el valor de un hombre, tan pronto como pasa por la policía –organización subsidiaria de los bancos– lo tallan y pesan.
5 Cosa que no hizo, o papeles perdidos. (N. del T.)



El texto anterior pertenece a la obra de Max Aub Manuscrito Cuervo, recopilado a su vez en el libro Enero sin nombre, que reúne la narrativa de este autor español sobre la guerra civil, los campos de concentración y el exilio.


En Manuscrito Cuervo, Aub echa mano del antiguo recurso del “manuscrito encontrado”. Así como Cervantes con El Quijote, no es Aub quien escribe la historia y ni siquiera es quien encuentra el texto, por lo que se deja ver de las iniciales del “editor” al final del prólogo. Lo particular es que, como lo indica el título, no es un hombre quien redacta el “manuscrito”, sino un cuervo, resultado de sus observaciones a nuestra especie. Desde ese ángulo, la actividad humana recopilada en el texto adquiere un fuerte aire de sin sentido, por más normal que sea, por ejemplo, el uso del dinero. Del mismo modo, se genera también una denuncia a la violencia, al retratar la vida de los campos de concentración durante el período justo posterior a la Guerra Civil Española y al comienzo de la II Guerra Mundial.



Para mayor “verosimilitud” de su relato, Max Aub lo acompaña con notas supuestamente hechas por el autor corvino o por el editor humano. Además, introduce la historia con el siguiente “Prólogo” asumiendo la personalidad de “J. R. B”, descubridor y editor del Manuscrito.
 



Prólogo

Realmente tienen las obras de la divina arte no sé qué de primor como escondido y secreto, con que, miradas unas y otras muchas veces, causan siempre un nuevo gusto.
J. José de Acosta, S. J.
(Historia natural y moral de las Indias)

Cuando salí, por primera vez, del campo de concentración de Vernete y llegué a Toulouse, en los últimos meses de 1940, encontré en mi maleta un cuaderno que no había puesto allí.

Jacobo había desaparecido días antes y no se sabía nada de él, ni, según supe luego, se volvió a tener noticias suyas. Jacobo era un cuervo amaestrado cuya mayor habilidad consistía en posarse en las tapaderas de las tinas repletas de las evacuaciones propias y ajenas, que llevábamos a vaciar y limpiar al río, con regularidad y constancia dignas de mucha mejor causa. Paseábase luego, dándose importancia, entre los barracones y aun volaba del A al B y al C cuarteles que nos dividían al azar, aunque en principio correspondiera el primero a los denominados detenidos «políticos», el último a los delincuentes comunes y el otro a la  morralla de las más variadas índoles: judíos, españoles republicanos, algún conde polaco, húngaros indocumentados, italianos antifascistas, soldados de las Brigadas Internacionales, vagos, profesores, etc.

Ignoro quién colocó aquel cuaderno en mi equipaje. Yo no tenía relaciones personales con Jacobo. Estas páginas dieron vueltas por el mundo, en un ídem, al azar de mis azares, y si las doy ahora a la imprenta es únicamente como curiosidad bibliográfica y recuerdo de un tiempo pasado que, a lo que dicen, no ha de volver, ya que es de todos bien sabido que se acabaron las guerras y los campos de concentración.

Es evidente que el propósito de Jacobo fue escribir un tratado de la vida de los hombres, para aprovechamiento de su especie. Por lo visto no tuvo tiempo de acabarlo; o no se trata más que del borrador del libro publicado en lengua corvina. El índice, que va al frente del cuaderno, promete más de lo que el texto da; lo que no es, por otra parte, achaque puramente corvino: el que no haya trazado índices sin mañana, que levante la mano.
 
    Descripción del Manuscrito: 34 páginas de un cuaderno de 48, tamaño 18 x 24, escritas con letra extraña (véase facsímil), no muy difícil de descifrar. Las cubiertas son de color rosa y llevan impresas atrás la tabla de multiplicar. Al frente se lee L’Incomparable, y, abajo 48 pages.





CRITERIO GENERAL PARA ESTA EDICIÓN (siguiendo, como es natural, las Disquisiciones de Cuervo):



Sobre el proceso de as sustituciones ver los MSS. De la catedral de Sevilla.
SIGNOS COPULATIVOS: El ángulo se imprime E.
ABREVIATURAS: Se han deshecho en cuanto me ha sido posible.

Doy las más expresivas gracias a SU EXCELENCIA, Monsieur Roy, ministro del interior, socialista como yo, que en 1940 tuvo a bien ayudarme a dar con el manuscrito y me proporcionó tiempo y solaz necesario, y aún alguno de más, para descifrarlo.

J. R. B
Marsella, 25 de julio de 1946



La versión que se utilizó en esta publicación es la de Max Aub: Enero sin nombre. Barcelona: Alba Editorial, 1995. "Del Dinero" se encuentra en las pp. 204-206 y el "Prólogo" en pp.177-179. Las imágenes están sacadas de esta misma edición.




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