viernes, 14 de agosto de 2009

La carretera


Me acabo de enterar del rodaje de La carretera, de Cormac McCarthy. Tiene sus peligros, es muy probable que resulte decepcionante para los que leímos la novela. A diferencia de No country for old men, de los Coen, La carretera tiene más que ver con la acumulación de sensaciones desoladoras que con una acción desoladora en sí misma, con la monotonía del espacio y la ausencia de lo humano. Difícil de llevar al cine, en un Hollywood que pedirá concesiones después del éxito de taquilla de los Óscares de la brillante adaptación. Para recordar o incitar a la lectura de este novelón de menos de 200 páginas (que se agradece en esta época de novelas abultadas en detrimento de los árboles y del ritmo en algunos casos), y por un tema de respeto para el autor por lo que podría ocurrir, aquí va un fragmento recuperado de por ahí:

"Al atardecer atravesaron un campo tratando de encontrar un sitio seguro donde encender fuego. Tirando del carrito por el terreno. Una región tan poco prometedora. Mañana encontrarían algo que llevarse a la boca. La noche los sorprendió en una carretera embarrada. Se adentraron en un campo y avanzaron despacio hacia un grupo de árboles que se veían pelados y negros en la lejanía contra el poco mundo visible que quedaba. Para cuando llegaron ya era noche cerrada. Cogió al niño de la mano y amontonó con el pie ramas y maleza y encendió lumbre. La leña estaba húmeda pero el hombre rascó la corteza muerta con su cuchillo y puso broza y ramitas a secar junto al fuego. Luego extendió el plástico en el suelo y sacó del carrito las americanas y mantas y se quitaron los zapatos húmedos y embarrados y se sentaron en silencio con las palmas de las manos vueltas hacia la lumbre. Intentó pensar en algo que decir pero no pudo. No era la primera vez que tenía esta sensación, más allá del entumecimiento y la sorda desesperación. Como si el mundo se encogiera en torno a un núcleo no procesado de entidades desglosables. Las cosas cayendo en el olvido y con ellas sus nombres. Los colores. Los nombres de los pájaros. Alimentos. Por último los nombre de las cosas que uno creía verdaderas. Más frágiles de lo que él habría pensado. ¿Cuánto de ese mundo había desaparecido ya? El sagrado idioma desprovisto de sus referentes y por tanto de su realidad. Rebajado como algo que intenta preservar el calor. A tiempo para desaparecer para siempre en un abrir y cerrar de ojos”.

Cormac McCarthy. La carretera (2007)

viernes, 17 de julio de 2009

Los desamparados


"Lo que pasa es que a primera vista no se los advierte, o porque por lo menos resulta que buena parte de ellos no lo parecen a primera vista, o porque en muchos casos no lo quieren parecer. Y porque, al revés, grandes cantidades de seres que pretenden serlo contribuyen a confundir aun más el problema y hacer que uno crea al final que no hay desamparados verdaderos.
Porque claro, si a un hombre le faltan las piernas o los dos brazos, todos sabemos, o creemos saber, que ese hombre es un desvalido. Y en ese mismo instante ese hombre empieza a serlo menos, pues lo hemos advertido y sufrimos por él, le compramos peines inútiles o fotos de colores de Carlitos Gardel. Y entonces, ese mutilado al que le faltan las piernas o los brazos deja de ser parcial o totalmente la clase de desamparado total en que estamos pensando, hasta el punto de que lleguemos a sentir luego un oscuro sentimiento de rencor, quizá por los infinitos desamparados absolutos que en ese mismo instante (por no tener la audacia o la seguridad y hasta el espíritu de agresión de los vendedores de peines y de retratos en colores) sufren en silencio y con dignidad suprema su suerte de auténticos desdichados"
Ernesto Sábato: Sobre héroes y tumbas. El dragón y la princesa. V

[desde Plátanos Orientales]

domingo, 12 de julio de 2009

Un par de poemas en el aniversario del natalicio de Pablo Neruda

Pablo Neruda, de joven.


De Pablo Neruda se pueden decir muchas cosas. Que fue una figura mediática, más que literaria en algunos momentos; que a veces se lo ganó el partidismo, en vez de escribir buena poesía; que fue un buen poeta, más que una buena persona; o simplemente que ha sido inflado por la historia. Pero algo es innegable: aunque haya tenido muchos "bajos" en su carrera, existen momentos memorables en su producción.

Hoy aprovechamos el aniversario de su nacimiento para recordarlo con dos poemas que se salen del cliché de los poemas de amor o de su imagen de iluminado indigenista. Dos poemas que tal vez los disfruten.



SÓLO LA MUERTE

HAY cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.
Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.
Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.
A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.
Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.
Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.
La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.


GALOPE MUERTO

Como cenizas, como mares poblándose,
en la sumergida lentitud, en lo informe,
o como se oyen desde el alto de los caminos
cruzar las campanadas en cruz,
teniendo ese sonido ya aparte del metal,
confuso, pesando, haciéndose polvo
en el mismo molino de las formas demasiado lejos,
o recordadas o no vistas,
y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra
se pudren en el tiempo, infinitamente verdes.
Aquello todo tan rápido, tan viviente,
inmóvil sin embargo, como polea loca en sí misma,
esas ruedas de los motores, en fin.
Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol,
callado, por alrededor, de tal modo,
mezclando todos los limbos de sus colas.
Es que de dónde, por dónde, en qué orilla?
El rodeo constante, incierto, tan mudo,
como las lilas alrededor del convento,
o la llegada de la muerte a la lengua del buey
que cae a tumbos, guardabajo, y cuyos cuernos quieren sonar.
Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir,
entonces, como aleteo inmenso, encima,
como abejas muertas o números,
ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar,
en multitudes, en lágrimas saliendo apenas,
y esfuerzos humanos, tormentas,
acciones negras descubiertas de repente
como hielos, desorden vasto,
oceánico, para mí que entro cantando
como una espada entre los indefensos.
Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas
que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda?
Ese sonido ya tan largo
que cae listando de piedras los caminos,
más bien, cuando sólo una hora
crece de improviso, extendiéndose sin tregua.
Adentro del anillo del verano
una vez los grandes zapallos escuchan,
estirando sus plantas conmovedoras,
de eso, de lo que solicitándose mucho,
de lo lleno, obscuros de pesadas gotas.



Fotografía de Pablo Neruda: (c) Retablo de Literatura Chilena de la Universidad de Chile. 

jueves, 21 de mayo de 2009

Adiós a Benedetti


Ha muerto Mario Benedetti. Y es poco y mucho lo que podría decirse. Pareciera que el tiempo de pronto nos alcanza y nos dice "no más".

Nacido como Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Uruguay, hizo una formación académica a costa de sacrificio personal, pues tuvo que terminar el colegio dando exámenes libres debido a la falta de recursos de su familia.

Los problemas sociales fueron una constante en su vida y en su obra. Por ello fue reconocido y también castigado, cuando fue exiliado de su país por el gobierno militar impuesto en 1973.

Escritor que se movió por aguas diversas, hizo textos narrativos, líricos, ensayísticos, etc. Debo admitir que con distinta fortuna. Muchos lo conocieron más como poeta que como narrador. Sus textos líricos buscan concientemente un tono intimista y dialogado muy naif que, si bien lo han hecho popular, tal vez le resta profundidad a su escritura.

Un patetismo que roza con lo kitsch, se popularizaron versos que hacen juegos de palabras simples, pero efectivos, que le valieron una invitación a recitarlos en la película El lado oscuro del corazón, en la que aparece como un marino alemán recitando los versos de Benedetti en ese idioma. Probablemente haya sido eso la constatación de su poesía como parte del imaginario popular de "lo poético".

Por su parte, su obra narrativa retrata los rasgos y conflictos de la sociedad de su tiempo. Las personas comunes encuentran su reflejo en sus historias. Textos como "La Tregua" captan la sensación de la vida aburguesada de la segunda mitad del siglo XX. Pequeños conflictos de consecuencias vitales totales, pues es en los detalles donde se juega la vida.

Un gran escritor que supo aunar la literatura con la vida, deja el mundo para vivir en sus textos.

martes, 3 de marzo de 2009

Ética v/s Estética: La muerte de Miguel Serrano





Miguel Serrano ha muerto y su muerte trae con él el problema del balance final de su legado. Personajes como él traen la dificultad de tener que juzgar su obra literaria a la luz de sus acciones personales. Leni Riefensthal hizo un gran documental innovando sobre las técnicas cinematográficas hablando sobre un congreso del Partido Nazi. En el caso de Serrano, pese a ser uno de los escritores de avanzada en los años 30, amigo personal de Hermann Hesse y de Karl Jung, fue uno de los más destacados dirigentes nazis en Chile, y sus reflexiones le dieron el reconocimiento de integrantes de este movimiento internacionalmente.

Una amiga se molestó cuando mencioné que Serrano era nazi. Entiendo que no se puede reducir todo Serrano a lo nazi, pero no deja de ser cierto que él mismo cultivó esa imagen. Dueño de una imaginación profundísima, de un mundo interior que pocos tienen, unió su literatura a panfletos burdos. Lo primero que leí de él fue su Antología del Verdadero Cuento en Chile" (1938), un intento por fundar una nueva literatura en la tradición nacional, y lo último un panfleto poco literario y muy paranoide sobre el nuevo logo del Gobierno de Chile, que según él sería un símbolo sionista encubierto.


Tengo la sensación de que Miguel Serrano era un buen escritor que desperdició su talento en el proselitismo de una ideología poco sustentable. Postuló la existencia de La Ciudad de los Césares, de bases nazis en la Luna, la inexistencia del holocausto, entre otras cosas. Todo eso no hizo más que ocultar una producción, ya de por sí arcana, que nos hablaba de la búsqueda de la esencia de nuestra propia personalidad, del mito.

No habrá una última palabra al respecto. Sus seguidores nazis hoy lo despidieron gritando frases en alemán, tocando una gaita y cantando cantos en mapudungún. Habrán leído sólo la letra de la paranoia y de la seudociencia. Habrán confirmado para otros que Serrano era ya un viejo gagá. Serán las próximas generaciones quienes resalten tal o cual característica de Miguel Serrano. Por ahora, hay que admitir que su nazismo hitlerista lo ha hundido en el mayor de los olvidos en las letras chilenas, y ese lazo es difícil de romper debido a lo dicho y hecho por el mismo Serrano.