El poema es la cápsula donde encerramos nuestros secretos punibles. Y si
adquieren su virtud específica es porque encubren el único germen de
vida, la facultad de desarrollar su estructura secreta hasta en los
detalles ínfimos de nuestros pensamientos. Es por eso que escribimos,
para que el grano se levante y de esta manera el poema se convierta en
la prueba más sólida de la permanencia de la vida que puede reconocer la
experiencia.
William Carlos Williams (1883-1963)
Fragmento de El poeta en el manicomio, texto sobre Ezra Pound.
Nuestra poesía aspira, ante todo, a ser una voz de
protesta, una voz de alarma. Ella está signada por la exageración. Seguramente
que hoy por hoy muchas de nuestras experiencias no serán comprendidas. Pero, tarde
o temprano, las veremos ser aceptadas plenamente. Nosotros serviremos de punto
de visión.
Mandrágora, nº 4
La mandrágora crece al pie de los cadalsos. Nace del
semen de los ahorcados y su magia se concentra en la raíz, que tiene forma
humana. Cuando es blanca, parece un hombre; si es negra, mujer. Esta última es
la más poderosa. Se dice que sólo puede ser desenterrada de noche por una
doncella acompañada de un perro, pues la mandrágora opondrá resistencia y con
un grito fulminará a quien quiera arrancarla. El perro estará ahí para dar su
vida y salvar la de su ama. Teniendo la mandrágora se tendrá también su poder.
La anterior, serála leyenda que seducirá y
perseguirá por mucho tiempo a los poetas chilenos Braulio Arenas (1913-1988),
Enrique Gómez-Correa (1915-1995) y Teófilo Cid (1914-1964).
Mandrágora (Tacuinum Sanitatis, c. 1390)
Estando aún en el colegio Gómez-Correa conoce el
relato “Isabel de Egipto” de Achim von Arnim y, ya en los tiempos
universitarios, los tres amigos quedarán fascinados con la película Alraune (1928), dirigida por Henrik
Galeen. Ya con la convicción de un destino, estos autores fundarán en 1938 un
movimiento poético cuyas ideas serán sintetizadas por esta planta mágica de la
que toman su nombre.
«Aquel nombre foráneo –explica Teófilo Cid– tenía además
el mérito de revelar en parte nuestro pensamiento central. Nosotros también
estábamos dispuestos a emprender una romántica aventura en busca del poder, el
poder supremo, el que concede el don de la palabra.»[1]
Este poder supremo de la palabra, que como la mandrágora es arrancado con
peligro en la oscuridad de la noche, es lo que ellos llamarán Poesía Negra. En el primer número de la
revista Mandrágora (1° de diciembre
de 1938) Braulio Arenas, quien oficiará como la cabeza del grupo, escribe a
modo de declaración de principios: «He aquí el nombre repentino de POESÍA con
su fugacidad desgarrante. Ella es NEGRA como la noche, como la memoria, como el
placer, como el terror, como la libertad, como la imaginación, como el instinto,
como la belleza, como el conocimiento, como el automatismo, como la videncia,
como la nostalgia, como la nieve, como la capital, como la unidad, como el
árbol, como la vida, como el relámpago.»[2] La
Poesía Negra intentará trascender los
límites de todo tipo para mostrar el lado maravilloso de la realidad y así
cambiar la vida por medio de la poesía. Esta visión mágica es la que estaría
detrás de ciertas anticipaciones, como la de Teófilo Cid en su poema “Madrugadoras”
(1938) que parece referirse al posterior viaje espacial de la perra Laika (1957):
«Perdida en un hemisferio de cristal / En una curva sin dibujos / a la
intemperie / Como una perra famosa / Lamida por el éter».
Teófilo Cid
Será esta visión mágica de la poesía basada en el
surrealismo la que atraerá a un adolescente Jorge Cáceres (1923-1949), quien
poco después de escuchar uno de los recitales del grupo, solicita su
incorporación con el poema “Collage”:
A la llegada de los pájaros
ellas son víctimas del sol
Ese sol que tú respetas sol
de la costa
Que yo he sabido gobernar
vedme aquí junto a la llama
La llama de fuego de
tempestad
Donde se miran las arcillas
lamparistas
Estar entre las fieras de
gritos de nieve
Ellas me saludan
Ellas son la llegada del
océano de un gran día
El más bello y el más
orgulloso pájaro de uvas.[3]
Jorge Cáceres
Con este ingreso se conformará el núcleo del
movimiento más reconocible del surrealismo chileno, responsable de una serie de
actividades a contrapelo del contexto cultural de entonces, dominado por el
criollismo y el incipiente realismo socialista. Alrededor de ellos girarán
otros autores, que más o menos cerca de sus propuestas catalizarán sus
esfuerzos en transformar la poesía de ese momento, como Gonzalo Rojas
(1916-2011), Carlos de Rokha (1920-1962) y el poeta venezolano Juan Sánchez Peláez
(1922-2003). Por otro lado, sus contactos con el surrealismo europeo tendrán
como resultado colaboraciones en revistas y exposiciones de arte dentro y fuera
de Chile. La visión de la poesía como una forma de vida, se encarnaba así en
una actividad efervescente que desborda los géneros y disciplinas, en especial
en el caso de Jorge Cáceres, quien destacó además como artista visual y como
bailarín en el ballet de la Universidad de Chile.
Si bien Mandrágora
no es la primera manifestación del surrealismo en la literatura chilena o en la
latinoaméricana,[4] si representa la primera
vez que se conforma un movimiento organizado y que adhiere sustancialmente a lo
expresado por André Bretón en sus manifiestos. Los poetas mandragóricos fueron
surrealistas militantes. En sus textos es posible hallar huellas del dictado
automático, del azar, del elogio a la locura. Una visita a un manicomio de
Santiago inspiró, por ejemplo, los siguientes textos:
Braulio Arenas
A las alucinadas (Braulio Arenas, fragmento)
Ellas nombraron el oro de la
pantera la escarcha
Ellas soplan con intensidad
sobre cualquiera ruta
Detrás de su amor se fijan
los delirios
Y un palangrero rueda con
anticipación de eco.
Ellas piden sonrientes el
olvido y reclaman
A veces con furia la piedad
para sus actos
Solicitan la muerte a
voluntad a cuero de rey
Agotadas inmóviles aves de
la edad de oro.
***
Pero nada ecolálica de
camisa de fuerza
Erotomanía ideas fijas
tribadismo chacales
Buscad con furia pasad por
el tamiz
Hechas trizas la muerte
mueren desvaloricen.
Grandes comecabellos con
aire cercenado
Pálida ajusticiada a quien
un susurro hiere
Sigue con más atención que
un sabio sus descargas
Que susurran el nombre que
piensa despistar.
Enrique Gómez Correa retratado por René Magritte
Las Perezosas (Enrique Gómez-Correa, fragmento)
IV
Las tibias las turbias las
viciosas
Las envenenadoras las
adorables
Las adúlteras, las
coléricas, las raptadas
Estáis ahí todas en vuestros
residuos en vuestras almas
Os amo
Marcáis vuestras huellas
digitales en la carne
Levantáis los pómulos las arrugas
el vientre
Seguid caed moved la lengua
Yo os amo yo caigo yo miro
caedme
Yo puente yo muro yo soledad
Yo en este castillo adorable
Salvadme.[5]
Si bien la excesiva ortodoxia hacia el surrealismo
bretoniano es el origen de las características más distintivas del grupo,
también lo es de muchas de las críticas que se le hacen. Para 1938 las
propuestas del surrealismo estaban ya en crisis. Las tensiones del movimiento
europeo con el Partido Comunista sobre el rol del arte en la revolución social
fueron importadas por Mandrágora a
Chile. Este hecho explicaría también las polémicas con Pablo Neruda, en donde
hubo críticas estéticas, pero también insultos y golpes. Sus ataques al medio
cultural fueron tan extremos que prácticamente el grupo se agotó a sí mismo. El
último número de Mandrágora (1943) es
un furibundo reclamo de Gómez-Correa a los poetas mayores de Chile y a sus
propios compañeros, quienes ya estaban en un proceso de búsquedas más
personales. Esto y, posteriormente, la temprana muerte de Jorge Cáceres
debilitarán el grupo hasta disolverlo. Sin embargo, Mandrágora nos dejará como legado las huellas de un trabajo fugaz,
pero profundo. Testimonio de esto son los siete números de la revista Mandrágora (entre 1938 y 1943), tres
números de la revista Leit Motiv
(entre 1942 y 1943), su trabajo editorial mediante el cual publicaron libros,
ponencias y traducciones, así como la organización de lecturas y exposiciones
de arte. Si bien en su momento estas actividades no tuvieron gran impacto, con
el tiempo, es gracias a ellas que las nuevas generaciones de escritores han ido
redescubriendo a estos autores marginados del canon literario. Más allá de las
polémicas y los juicios categóricos, equivocados o no, Mandrágora fue un agente cultural que animó las letras y el arte
desde otras perspectivas, preparando el camino para nuevas propuestas y nuevos lectores;
pues, como dirá Braulio Arenas: «Ellos exigirán / la entrega del misterio.»[6]
Este texto fue publicado originalmente en una versión bilingüe (español/alemán) en la revista Alba 08, pp. 155-159. Alba es una revista alemana que se centra en difundir la literatura latinoamericana en el ámbito cultural alemán. Pueden visitar su pagina web pinchando aquí. También pueden leer el número 8 aquí.
Notas
[1]
Teófilo Cid: “Mandrágora en su generación”. En: Teófilo Cid: Soy leyenda. Santiago de Chile:
Editorial Cuarto Propio, 2004, p. 407.
[2]Mandrágora, Nº 1, p. 4.
[3]
Citado en Luis de Mussy: Cáceres.
Santiago de Chile: Editorial Cuarto Propio, 2005, p. 23.
[4]
Según Cedomil Goic: «La referencia más remota a un movimiento surrealista en
Hispanoamérica parece corresponder al argentino Aldo Pellegrini.» Cedomil Goic:
“El surrealismo y la literatura iberoamericana”. Revista Chilena de Literatura,
Nº 8 (Abril, 1977), pp. 21-22. Según Pellegrini él habría fundado el primer
grupo surrealista de habla española en 1926 y se expresó en la revista Que, fundada en 1928, desapareciendo con
el fin de esta publicación en 1930.
[5]
Esta versión es la de Mandrágora Nº
7, septiembre de 1943. Existe otra con importantes modificaciones en Enrique
Gómez-Correa: Las cosas al parecer
perdidas. Santiago de Chile: Ediciones Tertulias Medinensis, 1990, pp.
18-20.
René Olivares Jara: Mito y Modernidad en la obra de Rosamel del Valle.
Potsdam: Universitätsverlag
Potsdam, 2016, 462 pp.
Hace un tiempo les comentaba que el blog ha
estado inactivo por mis actividades académicas. Pero ya llegó el momento de
reavivarlo y qué mejor que hacerlo con, precisamente, el causante de todo este
silencio. Les presento Mito y Modernidad
en la obra de Rosamel del Valle, libro resultante de mi investigación de
doctorado (2010-2014) en la Universität Potsdam en Alemania.
Rosamel del Valle (1901-1965) fue un autor
chileno cuya abundante producción literaria abarca poemas, cuentos, novelas,
crónicas y obras dramáticas. Sin embargo, parte importante de su obra se
encuentra todavía inédita o desaparecida. Afortunadamente, en el último tiempo
ha habido un rescate de sus textos y una revalorización de su aporte literario.
El poeta chileno comenzó a escribir siendo muy
joven dentro de lo que podría llamarse un modernismo tardío, renegando pronto
de su primer libro Los poemas lunados
(1920). Después de ello, Rosamel del Valle se centrará fundamentalmente en el desarrollo
de los postulados del vanguardismo, siendo influenciado especialmente por el
surrealismo. Sus textos se caracterizan por un lenguaje altamente simbólico que
intenta expresar la dimensión invisible de la realidad. Precisamente este
aspecto central en la obra de Rosamel del Valle es quizás uno de los
principales obstáculos para los lectores poco acostumbrados a este tipo de
estética.
Mito y Modernidad en
la obra de Rosamel del Valle es un libro que se adentra en los textos del autor chileno para
explicar la poética subyacente en ellos, en especial, cómo la poesía es para él
una forma de mito dentro de un contexto histórico, la Modernidad, en el que la
tendencia intelectual parece ser la contraria: la desmitificación del mundo. O,
como lo expone Max Weber, su desencantamiento. Visto así, la poesía de Rosamel
del Valle daría cuenta de una forma de resistencia a la época, pero sin rechazarla
del todo. En sus textos, pese al lenguaje altamente simbólico, es posible hayar
un entrecruzamiento entre lo poético y lo vital, pues se encuentran los restos
de un diálogo tenso con su época. La desvalorización de la poesía como discurso
y del poeta como sujeto dentro de la sociedad moderna es uno de los conflictos
centrales de su obra, moviéndose sus textos entre una confianza absoluta en los
poderes de la poesía y el desencanto de sus poderes frente una época que le da
la espalda.
El libro pueden encontrarlo siguiendo este
enlace de la editorial Universitätsverlag Potsdam. Ahí pueden comprarlo y recibir un ejemplar físico (o sea, un libro
“real”) o descargarlo gratuitamente en formato pdf. Espero que sea éste sea una invitación a profundizar en la
obra de un autor valioso, aunque escasamente leído y estudiado.