domingo, 19 de agosto de 2007

Anamnesis


Permiso...Muchas gracias. Bien, doctor, gracias ¿y usted qué tal? Sí, estoy tomando las pastillas, la de las 8, la de las 2 también, no me duermo hasta no haber tomado la de las 12. ¿La presión? Bien doctor, por eso no se inquiete, los latidos normales, el corazón ya no se me acelera, la sangre se quedó con el pulso. Sí, estoy comiendo sano.

No, no me duelen ahora. Pero quería conversarle sobre la posibilidad de extirparlas. ¿Que no sería conveniente? Es que sí, me duelen por las noches, cada vez con menos frecuencia eso sí, me duelen cuando vuelvo a casa y hace frío, me duelen cuando cocino sólo para mí, me duelen cuando me peino para nadie, me duelen cuando veo a las parejas tomadas de las manos en el parque.

Eso no, todavía no. Me ha costado dejarlo. Si bien ya no despierto deseando no haber despertado, las cartas no puedo dejarlas. Hice como me dijo, una cajita bien sellada y al armario. Pero no, ahí estoy todas las noches mirando la caja, luego el teléfono, recuerdo el número...pero no se inquiete, no llega nunca más allá, y a mí me parece que ya se me pasará un día de estos.

Pero en todo lo demás mejor, mejor...sonrío a las personas en el trabajo, me muevo diligentemente y cumplo los horarios. Si supiera que hace unos días hasta le coqueteé a mi jefe. Le cedo el asiento en el metro a las señoras mayores, cuento tranquila las estaciones hasta la casa., no alargo las cuadras hasta la casa, si hay luna llena ya no me molesta.

Como le dije, bastante bien. Ya no escucho los cds que me regaló, ya no canto nuestras canciones en voz alta. Tampoco me detengo en las florerías a mirar las flores que no me regaló, ni en las chocolaterías a mirar los bombones que hubiese querido saborear.

Lo demás, todo muy bien. Hasta duermo las ocho horas que me dijo. Después de haberle dado la comida al gato y de tomarme la pastilla de las 12, me meto a la cama hasta el día siguiente. Me levanto tranquila, sin apuro, me pongo una falda larga, la chaqueta, me peino un poco y al trabajo. ¿Al desayuno? Una taza de café, mirar la cafetera, otra taza de café, el crucigrama del diario. Ya ve, todo en orden.

Sí, sí, muy bien. Como cualquier persona normal diría yo. Cuando no hay qué hacer salgo a pasear por los parques, si encuentro un banco me siento, miro las palomas, cuento las hojas secas, como cualquier persona. Como cualquiera, lloro un poquito con algún poema. Los olores me traen recuerdos, como a todos, ¿no doctor?. A veces persigo a alguien con su mismo perfume por algunas cuadras, pero nada raro. ¿Si algo me preocupa? La fobia a los sueños quizás, la nostalgia de las calles, el miedo de que vuelva el otoño.

Sin embargo, estoy bien, como le decía, ya me acostumbré a las horas vacías. Ahora me acuesto más tranquila, porque no me desvelo esperando a nadie. También me acostumbro a las mañanas de los sábados, y a sus tardes leyendo los libros que no alcanzamos a compartir. Los domingos, para qué decir, tranquilos en familia. Me siento siempre al lado del teléfono, pero ya no espero que suene. Si salgo de paseo, el camino siempre me devuelve a casa. Ya ve, mucho mejor.

3 comentarios:

mario dijo...

No sé quién eres, pero supongo que cristián te invitó. Si es así, bienvenida!!!...los amigos de mi amigos son mis amigos.
Leí tu cuento. Fenomenal!... aunque suene como crítica de lector medio mamón. Quedé sorprendido.
Gracias por dejarnos leerte

Rocío dijo...

a mí me agradó mucho, ágil, y sí... me estresó la narradora, pues obvio, me sentí a ratos (ojo sólo a ratos) identificada jeje

bienvenida!!!

Rocío

René Olivares Jara dijo...

Me sumo a lo dicho por mis amigotes. Es normal que lo haga, ¿cierto? Bueno el cuento.