sábado, 22 de marzo de 2008

Lice de Luxe: La gracia del circo pobre


El arte total es una de los ideales de cierta corriente artística. Un arte que reúna en sí las características de todos los demás. Artaud se decidió por el teatro y es muy explicable el por qué lo hizo. El uso de escenarios decorados, la música de fondo, los parlamentos de los personajes y sus movimientos pueden ser asociados con la pintura, el diseño, la música, la poesía y la danza, por decir sólo algunas de las potencialidades.

Sin embargo, esta idea de la "totalidad" puede inducir falsamente a creer que para lograr tal estatus se deba recargar cada elemento en una especie de obra barroca postmoderna, pensando que más siempre es ganancia. Lo cierto es que eso es sólo efectismo y no necesariamente responderá a enlazar los recursos utilizados con su contenido. Nada más lejos de lo que Lice de Luxe trajo a nuestro país.



El nombre de esta compañía es muy significativo, pues se trata de un espectáculo que busca crear la sensación de circo pobre pero empeñoso. Sólo tres personajes que actúan, tocan instrumentos, hacen malabarismo, bailan, etc., en un escenario compuesto de 3 alfombras, un trapecio, un armario, un teclado y una mesa, todo dispuesto al aire libre. Con esta estética minimalista, el Doctor Fetz (Steffen Lundsgaard), Kimberley (Karl Stets) y Ursula (Katja Amtoft) nos muestran una trama sencilla, pero que carga de significaciones cada cosa que hacen.

Espectáculo circense, el Doctor Fetz nos invita a acomodarnos en un perfecto español y desde ahí ya ha empezado el show. Chistes y morisquetas que surgen mientras tomamos asiento. Somos parte del espectáculo, pues no hay cuarta pared. Estamos en el escenario.

Especie de Chamorro, el Doctor Fetz es acomodador, anfitrión, malabarista, músico y un erotizado amante no correspondido, además de jefe explotador. Porque la historia podría resumirse en un triángulo amoroso que no converge en él, en donde su exceso de autoritarismo sólo crea simpatía hacia su acosada subalterna Ursula y su aporreado pianista Kimberley. Sin embargo, el Doctor Fetz no pierde nunca la simpatía, ya que también es parte de ese circo pobre que da todo de sí por llevar adelante el espectáculo.

Todos hacen acrobacias y tocan instrumentos. Es destacable el dominio corporal que tienen en sus respectivos actos, que incluye usar el trapecio de cabeza o sin usar las manos, malabarismo con múltiples sombreros o pelotas, usar una cuerda como si fuese un bastón, etc. Además tienen un manejo musical que incluye instrumentos híbridos como una trompa con teclado de viento accionado por un fuelle de pedal.
Sencillo y potente, Lice de Luxe nos demuestra que los piojos también nos pueden dar luz.

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